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Teresa y Luis


Wednesday,Feb 21 2007, 03:50:05 AM (Last updated: Wednesday,Feb 28 2007, 05:28:08 PM)

Desde los ojos de Luis, Teresa miraba al vacío. Su vista se hallaba perdida en medio del centelleante palpitar de quienes caminaban apretujados alrededor del diminuto asiento que siempre tenía la fortuna de encontrar a su disposición –parecía estar reservado sólo para ella-. Era mediodía y el ambiente se hacía turbio mientras el día se abalanzaba a seguir su apurado paso.

Todas las miradas que emanaban de aquella muchacha estaban centradas en una imagen fija, invisible para cualquiera que se cruzase con ella e intentara descubrir los secretos que guardaba. Hay mujeres que aprenden con la vida a ver más allá de formas y colores, y guardan impresiones imborrables de las infinitas facetas de un momento, Teresa era una de ellas.

Luis vacilaba entre seguir mirándola, invadiendo un mundo del que había sido vetado, o simplemente desaparecer y perder la pista del único camino que podía conducirlo al hogar que tanto añoraba, y en ese vaivén pasaban las horas, y la mujer que observaba a distancia permanecía inmutable a medida que los rayos del sol la teñían de colores cálidos.

Teresa levantó la cara aún sin entablar relación alguna con el mundo. Tomó su bolso y lentamente retomó su pausado paso habitual. Como si se tratase de una danza cuidadosamente ensayada bajó las trece cuadras que la separaban del lugar donde dormía, cerró las persianas y así terminó para Luis otro día de angustioso silencio.

Día tras día la rutina fue la misma, ella silente y profunda observaba el pasado; él, inquieto y reservado esperaba, oculto entre los millones de rostros que deambulaban por las calles de la ciudad.

                                                       ...

El  mes de Octubre se abría paso entre los días que transcurrían ahora a una marcha que nadie podía seguir, y Luis, tal como cada mediodía del último año, caminaba rápidamente entre una muchedumbre en la que se confundían autos y personas, y que parecía más bien un bólido de acero que se oponía a que alcanzara rápidamente el lugar donde se detenía a mirar el tiempo pasar en la mirada perdida de quien –quería creer- lo esperaba.

Esta vez Teresa no estaba ahí para ignorar el murmullo ensordecedor de la ciudad que caminaba en torno a ella, y eso para Luis fue la señal inequívoca de que todo había terminado. Caminó en dirección al banco con los ojos cerrados y sin respirar siquiera, a medida que la distancia se acortaba entre él y su destino. Al alcanzarlo se detuvo, temeroso por el hecho de saber que al mirar con más cuidado la respuesta que había estado esperando iba a estar frente a él sin que pudiese hacer nada al respecto.

Mientras tanto, a trece cuadras de ese lugar, Teresa tomaba entre sus manos la primera taza de café que saboreaba en un año, y se dedicaba a borrar a Luis con cada gota que tocaba sus labios. Poco a poco fue olvidando los detalles que había guardado con tanto celo, y sonrió al tener que obligarse a recordar lo que debía dejar atrás. Olvidó a qué sabía un beso robado a mitad de la tarde, olvidó la sensación de tener entre sus dedos las manos de quien amaba; olvidó también las tardes en las cuales esperó sin que ésta llegara, la llamada que le habían prometido, y olvidó también cómo se sentía quedarse dormida mientras miraba el vacío creado del otro lado de la cama. Sin embargo, minutos después su sonrisa se borró al darse cuenta de que había terminado su café sin sorber un trago que la hiciera olvidar cómo se sentía el escuchar que era amada sabiendo que no era cierto.

A la mañana siguiente Teresa se encontró caminando afanosamente trece cuadras en dirección opuesta a su casa, la misma multitud que hace un par de días parecía no existir, ahora se había convertido en una avalancha que cerraba su paso. Hasta que, oculta tras la sombra de los vendedores y el ruido de los motores, pudo ver a Luis sentado e inmóvil en el banco que ella solía ocupar. Se quedó allí, sin saber qué sentir y sin saber qué hacer, inquieta y reservada, observando al silente hombre de expresión profunda que se había convertido de nuevo en el centro de sus pensamientos.

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Comments to Norch

1 Comments
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Inteligente
6/14/2007 1:00 PM
Jorge, 37
Valencia
Venezuela

Inteligente tu comentario acerca de la situacion de Venezuela... Ademas muchos
mas acertado que esos sesudos analisis de
disque analistas politicos.. lo bueno de
las crisis es que se transforman en -
oportunidades si esa efervencencia que
hay en ti las hay en muchos mas jovenes
venezolanos habra valido la pena esta
crisis...
Saludos desde Valencia

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