Ro Ybarra
 

Journals

Tuesday,Jul 19 2005, 07:45:32 AMRodri Chronicles XXIV

Al Final del Camino

 

 

Mis últimos días en Australia, para ser más específicos, en Surfers Paradise, Gold Coast. Lo que ahora considero mi segundo hogar, después de 6 meses ya se empieza a sentir como parte de ti, creo que en verdad lo es. ¿Qué puedo decir de mis últimos días? La verdad no sé donde estaba mi cabeza, con tantos pendientes, cosas que comprar, maleta que organizar y despedidas que no quería hacer. No olvido los buenos momentos y trato de no pensar en que no regresaré al término de las vacaciones, ha sido todo para mí en Australia.

 

Desde hace semanas todo tipo de personas, amigos, nuevos amigos de los viajes, extraños, ustedes, me han hecho el mismo tipo de preguntas: “¿Estás listo para regresar?”, “¿Ya te quieres regresar?”, “¿Estás triste por qué te vas?” o “¿Estás feliz por qué te vas?”. Y la peor que hacen mis amigos aquí: “¿Cuándo regresas a Australia?”. La verdad contesto a todas esas preguntas con tranquilidad y un aire filosófico, dándomelas de maduro. Pero en el fondo mis sentimientos son una mezcla entre tristeza, felicidad, emoción, incertidumbre, en pocas palabras traigo el estómago revuelto. Hasta sufro dos tipos de nostalgia, la que tengo por México y la que aunque todavía no me voy, ya empiezo a sentir por Australia y mis amigos aquí.

 

Traté de no pensar en lo que sentía y simplemente me dediqué a vivir poco a poco cada uno de los últimos 5 días en The Land Down Under. Cocinando en mi casa y con mis amigos, degustando platillos hindúes hechos en casa por última vez. Haciendo compras de último momento y montando las últimas olas con mi querida Paris. Hablando con las pocas personas que no estaban de vacaciones tratando de organizar alguna salida para decir “cheers” por lo menos hasta que el destino y la vida misma nos diera el privilegio de volvernos a ver, quién sabe dónde, quién sabe cuándo.

 

Entre las cosas que valen la pena mencionar a detalle se encuentra el haberle marcado a mi hermana para felicitarla por su cumple. Por última vez estuve horas en el teléfono hablando con mi familia, ahora que regrese estaré horas, más bien días enteros, escuchando a la familia Ybarra. Los que nos conocen saben a que me refiero, una que otra discusión de vez en cuando (casi cada 10 minutos), pero sólo así te sientes vivo. Yo aplicaré mi nueva frase favorita: “No Worries”. Claro que tiene múltiples traducciones al español como: “No hay cuidado”, “No hay pex”, “No hay bronca”, “No hay p%$#” o el hasta apático: “¡Eeeequiiiiisss!”.

 

Una noche interesante fue la del martes. Mis amigos Andrés (Colombia) y Luís (Perú) me dijeron que iban a ir al casino, no se crean que a jugar sino a un bar llamado Prince Albert (y dale con lo británico). Llegó algo tarde y esperé un rato formado para entrar. Después de varios minutos de buscar a mis cuates los encontré ya bastante happys con otros amigos suecos. Pero como no iban a estar así, el vasote de cerveza (pint) costaba $3. Claro que durante la noche me zumbé uno que otro, ajá.  

 

Lo chistoso de la noche fue que después de estar meses en Gold Coast no me había encontrado prácticamente a ningún mexicano, esa noche me encontré a dos. Uno era de León y cuando lo vi pasar le dije a Andrés: “Te apuesto el Casino entero a que ese es mexicano”. Andrés se volteó y le preguntó si era y claro que era. Pues si traía su Lacoste negra con una gorra Von Dutch (en ningún lugar del mundo se viste nadie así más que en México) y una cara de mexicano que no podía pasar desapercibido.

 

El segundo fue casualidad. Estaba en el baño hablando con Andrés obviamente en español cuando un güero estilo Australiano (alto y medio choncho) se voltea y me pregunta que de donde soy. Apenas dijo dos palabras ya sabía que era chilango y que probablemente iba en la Ibero. Dicho y hecho así fue, era de la Ibero. Andaba de vacaciones por Australia correteando a toda mujer que se le ponía en frente. Decía que era portugués, lo bateaban, decía que era gringo, lo bateaban y decía que era australiano y nadie le creía.

 

Ya llegando a las altas horas de la noche mis cuates estaban más allá que pa acá. Tomamos un taxi y aunque yo ya me quería ir a mi casa terminamos en casa de los escandinavos. Comimos unos sándwiches y cantamos unas cuantas rolas acústicas con las guitarras. Luís bulteó y Andrés y yo nos terminamos yendo caminando a nuestras respectivas moradas.

 

Miércoles y jueves fueron días “tranquilos”. Lo pongo entre comillas porque aunque no pasó nada emocionante si anduve de arriba para abajo buscando donde vender mi surf board querida y comprando las últimas cosas como souvenirs y esas cosas. También chequé mis resultados de la escuela y todo bien, nada de que preocuparse o más bien No Worries Mates.

 

Una noche excelente fue la del viernes. No se nos antojó salir pero fuimos a comprarnos una botella del delicioso y suculento Jack Daniels y mis amigos una de Zambuca (guacala!). A disfrutar de la buena plática y música. Mi amigo Chris jaló con nosotros un rato. Platicamos de muchas cosas interesantes y creo que ya está más puesto que un calcetín para ir a México en Febrero. Va a ser interesante ver al noruego en tierras aztecas, mientras no se muera con la comida o las nativas lo secuestren todo está bueno. Chris nos dejó temprano (ya algo happy) para ir con una mujer, el suertudo. Nosotros nos acabamos las botellas y cuando intentamos salir por otra nos habían cerrado. Yo creo que fue para bien, mejor ya no tomar demás, al fin quedaba otra noche. Compramos comida y nos regresamos a cenar y echar relajo otro rato.

 

Mis últimas 24 horas fueron algo ajetreadas. Dormí muy poco y me eché dos cafiaspirinas para estar al 100. Al ratito ya andaba de hiperactivo, como niño chiquito. Lo primero que hice fue a cortarme el pelo y despedirme de mi peluquero, el doble de Adam Sandler. Entre las cosas que tuve que hacer durante el día fue terminar de empacar, dejarle cosas a mis cuates, ver que onda con mi tabla por fin, checar lo de mi bono de la renta y claro que irme a despedir de la playita, pasar mis últimas horas en el sol de Surfers Paradise.

 

 

 

Después de ir a despertar a mis cuates y apurarlos nos fuimos a la playa en la tarde. Nos llevamos un balón de soccer y nos pusimos a jugar en la playa. No aguantaron ni 15 minutos cuando ya todos menos Jithin y yo estaban tirados en la arena tratando de respirar. Pasé un rato muy agradable en la playa jugando a la orilla del mar, despidiéndome del Pacífico Sur.

 

Cuando el sol ya se empezaba a meter fuimos a comer algo y luego entramos a una tienda a babosear. Asif no dejaba de pedirme mi opinión para comprar una mochila. Yo muy buena onda le daba consejos de todo tipo y al final escogió una que me gustó mucho y le dije que esa estaba muy bien.

 

Nos fuimos a nuestras casas y yo fui a bañarme y terminar de empacar todo, dejar mi maleta lista para no andar a las carreras después. Cuando ya estaba listo me fui a casa de mis cuates y ahí estuvimos un rato platicando y yo otro rato en la computadora checando mails.

 

Mi amigo Chris habló para decir que si me iba a comprar mi surfboard y que en la noche jalaba con nosotros también. Al rato Ajay y yo salimos a la chupi tienda para comprar unas botellitas para el precopeo final. Nos compramos una de Absolut Rasperri para cerrar con broche de oro y nos regresamos a la casa.

 

Cuando llegamos Chris ya estaba ahí y nos dispusimos a empezar a brindar por el futuro y por mi regreso a casa. Al rato llegó otro amigo noruego, Rune, y se quedó un ratito nada más. Chris me dio el dinero de mi tabla y la dejó encargada ahí. Los noruegos se fueron temprano y nos quedamos el mexicano y los hindis. Al rato me sacaron mi regalo, cuando lo vi no me la creía. Era la mochila que tanto les había ayudado a escoger. Me dio tanta risa y ellos no podían creer que hubiera caído en la trampa, fue un gran detalle, así no hubo falla de que me iba a gustar.

 

Esperamos un rato a que todos estuvieran listos y nos salimos a Surfers para ir a Melba’s por última vez todos juntos. Entramos y todo el lugar estaba hasta el copete. Llegamos y a echar relajo como nunca. Bailamos con ocho mil niñas y el Ajay andaba de galán. Me la pasé muy bien en la última noche. Ya casi al final hasta me encontré a una amiga noruega que hacía mucho no había visto. Salimos del antro como a las 5 ya bien cansados pero yo no podía descansar, me quedaban pocas horas y un amanecer que presenciar.

 

Llegando a la casa me puse a subir las fotos que acabábamos de tomar en el antro para que Asif las pusiera en su compu. Al poco rato empecé a ver luz en el horizonte y les dije a mis amigos que teníamos que ir a la playa. Varun se quedó dormido pero Ajay, Asif y yo salimos. Una cuadra antes de la playa un chavo con un brazo vendado iba siguiendo a una pareja. Se detuvo el chavo y nos explicó que los venía siguiendo desde un antro, que iban discutiendo y que el tipo le estaba pegando a la chava. Nos pidió que lo ayudáramos y fui a hablar con el susodicho novio. Estaba más bulto que vivo y era un mono enorme, parecía jugador de rugby. Me puse con calma a decirle que no era forma de tratar a una mujer. Con su asqueroso aliento trataba de hacerse güey diciendo que no le pegaba y que ella sabía lo que había hecho. Simplemente le dije que la dejara en paz y como que tratándome de espantar se me puso en frente. Le dije que se tranquilizara y me dijo que mejor me fuera. Le dije al otro chavo que le hablara a la policía y que el no se hiciera el héroe.

 

Mis amigos y yo caminamos hacia la playa mientras veía como se alejaban la pareja y el chavo enyesado. Volteé por última vez y en ese momento vi como el monigote le soltaba un golpe a la chava. En ese momento me quité la chamarra y salí corriendo cuadra y media para alcanzarlos. Primero le pregunté al chavo si ya había hablado a la policía y me dijo que si. Entonces atrás de mi pasó otro chavo y se llevó a la novia mientras yo distraía al monigote. Le dije que ya había estado bueno y se me puso al brinco. No le tenía miedo al naco ese y simplemente traté de no exaltarme para que no tuviera pretexto de soltar un golpe. Cara a cara le decía lo mismo una y otra vez y el de necio decía que no pasaba nada. Se empezó a poner violento y el enyesado empezó a alzar la voz. Yo creí que ya se iban a soltar los golpes pero me gritó y me dijo que nos fuéramos. En el momento en que nos dábamos la vuelta para irnos llegó la policía y se lo llevó. Yo estaba super feliz porque ya no le dimos chance de que siguiera con sus idioteces.

 

Mis amigos y yo nos fuimos como si nada hubiera pasado a la playa para ver el amanecer. Me encantó sentir la paz del mar por la madrugada. Los tonos rojos y naranjas dejando ver algunos barcos a lo lejos y reflejándose en el mar. Sentí que el sonido del mar me decía: “Good bye Mate, take care”. Iba a extrañar las olas y llevar a mi Paris y flotar esperando una buena ola. Simplemente iba a extrañar esa sensación que no tiene comparación.

 

Regresamos y yo me fui a mi casa a bañarme y despedirme de mi casita. A las 8 fui a tocarle a Kevin para que checaramos el depa y me regresara el bono. No hubo ninguna bronca con la casa y de regreso en el edificio de mis amigos me quedé platicando con Kevin y Annikki un rato. Me dijeron cosas muy lindas y me desearon feliz regreso a México. Ya se hacía tarde y subí a avisarles a mis amigos que ya era casi hora de irme. Les di un regalo para que se acordaran de mi y me despedí de ellos. Me acompañaron abajo y les di un abrazo antes de subirme al camión.

 

Poco a poco el camión fue avanzando dejando atrás Paradise Island y Surfers Paradise. Mientras seguía el camino hacia el sur en el camión no pude contener las lágrimas. Entre la tristeza y el cansancio me quedé dormido todo el camino hasta el aeropuerto. No hubo ningún inconveniente ni con maletas ni horarios gracias a Dios. Dejé Gold Coast alrededor de las 11 de la mañana y dormí todo el vuelo, no sabía bien lo que estaba sucediendo, no me caía el 20.

 

Me encuentro escribiendo estas líneas en el aeropuerto de Sydney. Unos minutos antes de dejar Australia definitivamente. Tantas cosas que están pasando en este momento por mi cabeza que siento que no puedo plasmarlas en este último capítulo. Recuerdos de mi llegada y como fui conociendo uno a uno a los amigos que me enseñaron tanto. Nunca olvidaré la hospitalidad y atención de los hindúes. Siempre ofreciéndote comida, bebida o tratando de que estuvieras cómodo, a veces hasta intenseándote, pero eso sí siempre pensando en ti antes que en ellos.

 

Ahora que regreso extrañaré ser “el mexicano”. Ser diferente y poder representar a mi país de manera informal. Contar sobre mi historia, mi bandera, mi ciudad y mi gente. Que la gente (sobre todo las mujeres) les encante mi acento y tengan ganas de visitar mi México. Ahora voy a ser uno más de los 20 millones de pelados de la Cd. de México. A pesar de ser una de las ciudades más grandes del mundo ahora no me parece tanto, el mundo se me encogió.

 

Me despido de Australia con mucha alegría y gratitud. Tengo tanto que agradecer a Dios y a mis padres por la oportunidad que me dieron. No regreso con grandes ofrendas que hacer con el dinero invertido de regreso. Regreso con algo más valioso, la experiencia y muchas lecciones que no hubiera aprendido de otra forma. Doy gracias por toda la gente que me tocó conocer y de la que traté de aprender algo diferente y significativo. Gente de todos los rincones del mundo que tocaron mi vida y ahora forman parte de mi formación, historia y percepción del mundo y la vida.

 

Regreso con alegría a mi hogar y me siento algo triste porque no se cuando pueda volver a ver a tantas personas importantes. Pero si de algo me di cuenta es que no se puede tener todo en la vida y mucho menos estar en diferentes lugares al mismo tiempo. Es por eso que debemos de aprovechar el tiempo, vivir el presente y dar gracias. Porque no sabemos cual sea el último momento que pasemos con alguien o que disfrutemos de algo. Por eso siempre hay que valorar hasta lo más sencillo que tengamos o lo que se nos hace tan normal, como el cielo estrellado, una risa agradable, un abrazo o un simple “te quiero”.

 

Ya estoy por abordar y me gustaría compartir más pensamientos y experiencias pero creo que como este viaje todo llega a su fin. Y este es el fin de mi intento por tenerlos conmigo durante mi travesía a Australia. Con estos relatos lo único que traté de hacer es compartir un poco de mis vivencias con ustedes porque aunque esté lejos o no los vea seguido saben que están en mi corazón y en mi mente, todos y cada uno de ustedes. Ahora ya tendré la dicha de compartir directamente con ustedes cada detalle que les llame la atención y claro una que otra anécdota chistosa, también porque no alguna que otra neta a las altas horas de la noche. Bueno ahora si me despido y gracias por seguir leyendo todas mis aventuras, los veo en México muy pronto. Rodri Out!

 

 

Su narrador y amigo

 

Rodrigo Ybarra Olivera

 

 

 

P.D. Chequen las últimas fotos y espero verlos antes de irme otra vez, sino los veré ya que entre a clases, yupi!

 

 

“La vida es un rompecabezas de millones de piezas.
Cada pieza representa una persona, un instante, un sentimiento, una canción.
Algunas piezas encajan sin problema a la primera.
Hay muchas que no nos gustan pero al fin y al cabo
terminan formando parte del rompecabezas.
A veces nos atoramos y no sabemos donde colocar algunas piezas,
no les encontramos lugar.
Pero con paciencia vemos que poco a poco todo va encajando,
todo va teniendo sentido.
Lo importante es que al final del camino el rompecabezas está completo,
finalmente podemos admirar el retrato de nuestra vida terminado y descansar.”
<Rodrigo Ybarra>

 

Thursday,Jul 14 2005, 09:59:29 AMRodri Chronicles XXIII

Freezing Way Down Ander

 

 

Las Islas Fiji ya habían quedado atrás y con ellas el buen clima. Llegando a Brisbane ya se podía sentir el frío, pero no era nada comparado a lo que me esperaba más tarde ese día. Una vez más la rutina espantosa de llegar al aeropuerto y tener que transportarse hasta Gold Coast, ahora por razones de tiempo y comodidad tomé un camión en lugar del tren.

 

Antes de la una de la tarde ya estaba en el ahora soleado Surfers Paradise. Fue bonito poder ver mi casita de nuevo, ya la extrañaba. Fui a saludar a mis amigos y como estaban viendo una película no los interrumpí y me fui a mi casa. Por fin un delicioso y largo baño caliente en mi baño, nada de regaderas heladas y sucias de hostal.

 

Después de desempacar y ahora empacar la ropa de invierno me fui una vez más con mis cuates. Estuve platicando con ellos, me conecté para checar mi mail y encontrarlo repleto. Ya como a las 6 tuve que partir y tomar el camión hasta el aeropuerto pero esta vez de Gold Coast. El chofer buena onda me llevó hasta mi Terminal porque ya era tarde, que amable que bárbaro.

 

Ahora no me sorprendí cuando llegué al mostrador y la señorita me dijo que el vuelo estaba retrasado un poco más de media hora, en el fondo sabía que iba a ser más tiempo. Como ya no tenía nada que leer (créanlo o no ahora si terminé todos los libros que traje de México) fui a la tienda del aeropuerto a ver que libro me llamaba la atención. Creo que es en la película The Hurricane donde dicen que tú no escoges los libros sino que ellos te escogen a ti. No sé que opinen pero esa frase se me quedó grabada y me gusta pensar que así es.

 

El libro que me escogió está vez fue uno más de narraciones de viajero, me está gustando mucho escribir sobre mis viajes así que se me antojó leer sobre los viajes de alguien más. En este caso se trata de Ewan McGregor y su mejor amigo Charley Boorman. Ni idea tenía de que había escrito un libro sobre un viaje que hizo en moto desde Londres dando la vuelta al mundo hasta llegar a New York. Me llamó mucho la atención y lo adquirí.

 

Mientras esperaba a que me dijeran que el vuelo iba a retrasarse más aproveché para hablar con mi amigo Iván un rato por teléfono. Cuando me decidí a entrar a la sala de espera para ya no moverme de ahí, las noticias no fueron buenas una vez más en la tele. No pude creer lo que acababa de suceder unas horas antes del otro lado del mundo. Más ataques terroristas, esta vez en Londres. Pensé en todos los ingleses que acababa de conocer en mis viajes y en sus familias. Aprovecho para pedirles que recen no sólo por la gente que sufrió el atentado, sino por el mundo y la paz. No nos damos cuenta pero ya nos estamos acostumbrando a la violencia y a la intolerancia. Poco a poco hay que comprometernos individualmente a tratar de mejorar este mundo loco.

 

Dicho y hecho el avión llegó tarde y abordamos casi dos horas tarde, no worries. Terminé llegando a Melbourne a las 12 de la noche. No me quedó de otra más que hablar a un hostal que vi anunciado y de milagro tenían lugar para un “homeless” como yo. Salí del aeropuerto para tomar el camión a la ciudad y fue cuando me percaté del frío que hacía. Ya era tarde, hacía frío y estaba cansado de todo el día. Así que lo único que hice llegando al Green House Backpacker fue irme a dormir.

 

Al otro día me desperté temprano, desayuné en el hostal y me salí temprano para conocer la ciudad. Salí muy abrigado porque afuera hacían como 6 grados y estaba medio chispeando. Me decidí a caminar por toda la ciudad, descubrirla por mi cuenta. Caminé por Flinder St y mi primera parada fue en una agencia de viajes. Pagué dos tours para los siguientes días, no me iba a quedar sin conocer the Grampians y the Great Ocean Road. Caminé un poco más y llegué a las torres Rialto. En el lobby tenían fotos y datos de algunas de las torres más altas del mundo. Cual fue mi sorpresa al encontrar a la torre Latino y una torre desconocida por los mexicanos, la torre de Cancún. (Si no me creen ya podrán ver las fotos en zorpia).

 

Primero pude ver la ciudad desde arriba, ver lo que me esperaba caminar y conocer desde las alturas. Después de tomar varias fotos desde los 4 puntos cardinales bajé a la calle. Caminé y caminé hasta llegar a los Fitzroy Gardens. El invierno no me dejó disfrutar bien de los jardines pero aún así pasé un rato agradable.

 

Vi el Parlamento, el Princesa Theatre y finalmente llegué a Londsale Street, ahí estaba el Marriott. Mi amiga Saskia se estaba quedando ahí con su familia pero más al rato y se iba a cambiar a su depa nuevo. Yo marqué a mi casa desde un teléfono público y me estuve horas platicando en el frío hasta que no sentía los dedos ni la nariz.

 

Acabando de hablar por larga distancia Saskia me mandó un mensaje y resultó que estaba a una cuadra del hotel comiendo con su familia. La fui a ver y me quedé a comer con ellos, la plática familiar fue agradable, me recordó a mi familia.

 

Después de comer nos fuimos a dar una vuelta por las tiendas cerca de ahí. Me gustó mucho la ciudad, hasta la arquitectura de los centros comerciales como el Central era innovadora, con estilo, simplemente te dejaba boquiabierto. Saskia y yo nos fuimos a dar una vuelta más hacia el norte de la ciudad. Me enseñó su Universidad, vimos la Biblioteca Pública, el Exhibition Place y el Melbourne Musuem.

 

Ya estaba oscureciendo y Saskia necesitaba mudarse a su nuevo depa y yo tenía que ir por mis cosas al hostal. Me encantó Melbourne por que puedes ir a todos lados caminando sin tardarte más de 20 minutos de un lugar a otro. En lo que menos cuenta me di estaba de regreso en Londsale para conocer el depa de Saskia. Era un edificio nuevo y estaba muy moderno y padre. Lo mejor para Saskia es que su uni estaba a 5 minutos caminando. Ella no va a tener que batallar con el camión como lo hice yo en Gold Coast.

 

Ayudé a Saskia a instalarse un poco y platicamos mientras desempacaba sus cosas. Al rato nos dio hambre y salimos a buscar un lugar donde cenar. Como el barrio griego estaba a dos cuadras del depa y hacía mucho que no comía comida griega, pues esa parecía ser la mejor opción. Entramos a un restaurantillo muy acogedor de nombre Tsindos. Cenamos muy rico y acabando nos fuimos de regreso al depa. Lo bueno fue que por dos noches iba hasta a tener mi cuarto, hasta el domingo en la noche que llegara Toño y se diera cuenta que había un intruso en su cuarto. No me acosté muy tarde porque al otro día me tenía que levantar temprano para salir en mi primer tour.

 

Al otro día se me hizo un poco tarde para llegar a la calle donde me iba a recoger el camión y tuve que irme corriendo. A pesar del frío y la lluvia llegué sudando pero a tiempo. El tour salió a las 8 de la mañana rumbo al parque nacional The Grampians. Primero hicimos una parada en un pueblito para tomar café y galletitas.

 

La siguiente parada fue hasta que llegamos a The Grampians. El paisaje con las montañas estaba muy agradable aunque seguí algo nublado. El guía nos dejó arriba de una montaña para que siguiéramos un caminito bajando entre el bosque y la montaña de nombre Elephant Hide, la verdad no sé porqué le pusieron así. Después de conocer a algunos de los chavos en lo que caminábamos llegamos a las faldas de la montaña donde íbamos a comer. Entrando al parque nos recibieron algunos kanguritos que estaban muy a gusto comiendo pasto. Por fin pude verlos fuera del zoológico y tomarles muchas fotos, como buen turista. Lo irónico es que después de admirarlos y ver lo lindos que estaban me fui a pedir un kebab de kanguro. Estaba muy pero muy rico por cierto, ay que cruel. Los australianos no podrían hacer nada sin kanguros, los tienen en todos lados, zoológicos, calles, parques públicos, souvenirs, logotipos y hasta en la sopa.

 

Después de comer volvimos a subir la montaña en la camioneta pero esta vez mucho más alto para poder admirar el paisaje desde lo más alto del parque. EL frío allá arriba estaba bien intenso, nada más tomabas un par de fotos y te regresabas corriendo a la camioneta antes de quedarte congelado como otra piedra más. También fuimos a ver unas cascadas y la caminata nos sirvió para entrar en calorcito.

 

Terminamos el tour como a las 5 y media, con el atardecer despidiéndonos tomamos rumbo de regreso a Melbourne. Una vez más paramos en el pueblito de las galletitas para comprar algo de cenar, yo pensé en la panza que ya traigo y me abstuve de comer fish & chips llenas de grasa (me costó trabajo la verdad).

 

Llegando a Melbourne me despedí de mis compañeros de tour y me fui a un bar en Federation Square de nombre Transport. Saskia estaba ahí con sus nuevos cuates y me dijo que jalara para allá. El lugar me gustó mucho, la verdad Melbourne tiene bares super chick, no como Surfers con puro antro feo, bueno excepto Melba’s.

 

El lugar estaba bastante grande y repleto. Saskia me presentó a sus dos amigos italianos Marco y Diana, a dos alemanes, Marcel y no me acuerdo del nombre de la niña, jajaja. Estaban platicando con dos australianos bien chistosos que ya andaban bien jaladones. Saskia me dijo que hablara con ellos para ver si les entendía. Si le entendí a lo que decía el borrachín pero nada más porque ya me acostumbre al acento australiano, los pobres que acaban de llegar si les está costando trabajo.

 

La plática estuvo amena, sobretodo con Diana, como me hubiera gustado quedarme otros 6 meses en Melbourne. Al rato llegó un mexicano amigo del novio de Saskia y amigo mío, Memo, que no conocíamos, se llamaba Johnatan. Bueno onda el chavo, lo curioso fue que iba con otros dos amigos y uno de ellos resultó ser el primo de una amiga mía de toda la vida. Hasta me había pasado su mail pero nada más había hablado con el una vez en Internet. Otra de esas coincidencias chistosas de la vida. Casi no tuve tiempo de compartir anécdotas con mis paisanos porque el plan seguía pero a otro lugar.

 

Nos despedimos de los compatriotas y tomamos uno de los tranvías (muy práctico el servicio de transporte en Melbourne por cierto, hay camiones, tranvías, metro) a St. Kilda. Una zona a las afueras de la ciudad llena de bares y restaurantes. Fuimos a un Irish Pub, The Elephant and the Wheelbarrow. Estaba enorme el lugar y había una banda tocando que traía a fácil mil personas bien prendidas, entre ellas nosotros. Una de las buenas cosas de la noche es que descubrí una cerveza nueva que me encantó, se llamaba New South Wales Bitter, era estilo Guiness y estaba deliciosa.

 

La noche ya estaba envejeciendo y nuestras fuerzas se agotaban. Salimos para tomar un taxi y Saskia y yo nos subimos con otro de la bolita, un holandés o austriaco, no me acuerdo, el chiste es que estaba alto. No sé porque habíamos quedado de ir a un McDonald’s a esas horas de la noche, el caso es que llegamos los 3 y estaba cerrado. Saskia le marcó a sus cuates y le dijeron que estaban en otro. Ya estábamos muertos y les dijimos buenas noches y caminamos al depa. Llegamos como a las 4 y yo sabía que apenas iba a dormir como 2 horas, caí como piedra en la cama.

 

Al día siguiente me despertó una llamada de mi celular. Lo contesté medio dormido, era el guía del tour que me preguntaba si iba a ir a la parada o dónde estaba. No lo podía creer! Me había quedado jetón y me estaban esperando. Me hice el que ya había salido del depa y le dije que iba en camino. Salté de la cama y no se ni como me vestí y me salí corriendo. Lo bueno es que me recogieron más cerca que el día anterior y que el guía me esperó. Buen susto que me metí por idiota.

 

Ahora la camioneta iba llenísima y me tocó ir de copiloto castigado por hacer esperar a todos. Salimos en la misma dirección pero esta vez nos dirigimos hacia el Great Ocean Road. La primera parada fue Bells Beach, una playa famosa donde se supone que grabaron el final de Punto de Quiebra, pero qué creen? Que no es cierto! Lo filmaron en Oregon y timaron a toda la gente. También pudimos ver ballenas bastante cercas de la playa, se veía perfectamente como sacaban el aire e iban nadando. Una vez más café y galletitas y me hice cuate de unas neoyorkinas.

 

Seguimos por el Ocean Road, fue una carretera que hicieron hace muchos años para unir a todos los pueblitos alrededor de la costa. Esta era la primera vez que veía el mar que daba hacía el sur, eso quería decir que el sol ni salía ni se metía en el horizonte marítimo, que loco no?

 

Paramos en el arco del Great Ocean Road y uno que otro lugar con buena vista para tomar fotos. De repente nos detuvimos en un caminito lleno de eucaliptos para saludar a los inquilinos de los árboles. Así es ahora me tocó ver koalas en libertad. Ya saben los güeyes bien jetones y los pudimos ver de muy cerca. Ahora no crean que me fui después a comer un koala, na más porque no los venden sino… yummmi! Han de saber a Vic Vaporrub con tanto eucalipto que tragan.

 

Paramos en Apollo Bay para comer en una cafetería bastante agradable y con buena comida ya incluida en el paquete del tour. Seguimos nuestro camino hasta Fern Gully (un bosque lluvioso templado con árboles de helechos). El paisaje era único y muy húmedo, nunca había visto algo así, era hasta místico. Dimos una vuelta sin peligros de animales porque prácticamente no vive ningún animal ahí, a nadie le gusta tanta humedad.

 

El clima iba empeorando cada vez más y para cuando llegamos a los famosos 12 Apóstoles (rocas enormes en medio del mar y a lo largo de toda la costa) estaba lloviendo y con mucho viento, justo lo que me faltaba. Salí con todos mis tacuches a tratar de tomar unas fotos. Salen re bien nubladas pero por lo menos puedo decir que estuve ahí. Cuando le enseñé las fotos a Saskia me contó que una de las piedras se acababa de caer la semana pasada. Yo ni enterado pero ahora que veo mis fotos y las postales en efecto, ya no está la primera, jajaja que chafa.

 

El clima mejoró un poco, por lo menos dejó de llover. La penúltima parada fue en Loch Ard Gorge. El nombre viene de un barco que naufragó ahí dejando solo dos sobrevivientes. Un chavo que nadó una hora en el agua helada para rescatar a la otra sobreviviente. Hasta medalla de honor le tocó al valiente irlandés. El lugar estaba como de película de piratas. Era una gruta con estalactitas y una playita bastante agradable, lástima del clima.

 

Ya con el atardecer llegamos al London Bridge, obviamente ese nombre se lo puso algún inglés. La historia de este lugar es que efectivamente parecía un puente hasta que en 1990 se cayó la parte que lo unía a tierra firme dejando atrapados a una pareja de turistas que tuvieron que esperar un buen rato para ser rescatados. Para que los rescataron tuvieron que cantar y bailar: “London Bridge is falling down, falling down…”

 

Eso fue todo del tour, ahora nos tocaban más de 3 horas de carretera de regreso. Paramos en un pueblo para cenar algo y luego seguir otras 2 horas hasta Melbourne. Llegamos a las 10 de la noche, yo estaba molido de la noche anterior así que me fui corriendo al depa de Saskia para descansar y darme un merecido baño. Llegando al depa me encontré con que Toño acababa de llegar a Australia, venía de Alemania. Pobre llega cansado del vuelo y se encuentra a un intruso en su cuarto. Desalojé el cuarto y me instalé en la sala. Platiqué un buen rato con mis cuates ingenieros y les enseñé las fotos de mi viaje. Como a las 12 salimos a hablar a México porque Saskia quería hablar con Memo. Mala decisión llamarle a las 9 de la mañana en domingo. El pobre Memo no podía ni hablar y también la pobre de Saskia se desilusionó un poco. Después me tuve que encargar de hacerla reír un poco enseñándole videos chistosos en mi compu.

 

Nos acostamos como a la una y ahora tuve que soportar el frío en mis piececitos que daban hacia la ventana. Al otro día me desperté temprano para aprovechar el último día en Melbourne. Me salí rumbo al sur para ver la parte de Melbourne que me faltaba. Caminé por los Victoria Gardens, King’s Domain y los Botanic Gardens. Me encontré con un monumento enorme estilo europeo, se llamaba Shrine of Rememberance, era para honrar a todos los soldados de las guerras en que Australia ha estado involucrada. Había medallas y medallas y la vista desde el balcón era muy buena. Sin nadie que me tomara fotos me tuve que tomar autofotos, parecía loquito tratando de tomar fotos en donde saliera yo y el paisaje atrás, pero lo logré un par de veces.

 

De ahí me dirigí al Crown Casino a la orilla del río Yarra. Me dio una vuelta viendo como al gente se gastaba su dinero a lo menso. Me adentré una vez más en la ciudad para hacer unas cuantas compras en las calles de las tiendas. Como a las 4 me quedé de ver con Saskia y Toño que acababan de terminar su primer día de clases, para ir a comer. Se encontraron a otra mexicana y nos sentamos los 4 a comer.

 

Después de comer dimos una vuelta y como ya se hacía tarde nos fuimos de regreso al depa para que agarrara mis cosas y me despidiera de mis amigos y la ciudad. Les deseé lo mejor y les di algunos tips y salí caminando para tomar el camión al aeropuerto. Llegué apenitas después de correr unas cuantas cuadras. Lo bueno fue que ahora el vuelo no se retrasó ni nada, hasta llegó en punto a Gold Coast. Lo único que hice fue irme directo a mi casa. Fui saludar a mis amigos y me terminé quedando toda la noche con ellos echando los tragos mientras subía las fotos de Fiji a mi página (espero ya las hayan checado).

 

Queridos lectores y lectoras, solo queda un capítulo más en esta historia de un chilango en el paraíso del surfer. Gracias por sus comentarios y por peder el tiempo leyendo mis choros, me cuesta trabajo pero lo hago con mucho gusto porque se que les entretiene. De esta manera he tratado de compartir mis experiencias, creo que es una buena forma de enseñar como es todo por aquí, desde un punto de vista objetivo, divertido y sobre todo real, nada de “rialiti chous”. Tengo hartas cosas que hacer en mis últimos días en Australia. Todo el mundo me pregunta si ya me quiero regresar. En estos momentos no se que pasa en mi cabeza, solo se que ya regreso. No se si me quiero quedar o me quiero ir. Ya me caerá el 20 algún día, por lo pronto trato de vivir al máximo mis últimos días. Pero viene lo peor, las despedidas. No se pierdan el último capítulo de las aventuras de este flan que los extraña.

 

 

Los veré pronto así que prepárense que regreso con todo, cuídense también, los quiere

 

 

 

Kangu-Ro

 

 

 

 

P.D. Llego el domingo alrededor de las 8 de la noche, primero Dios. Así que a partir de esa hora ya me pueden marcar, por si se les había ocurrido.

 

 

 

Rodri Music:

 

 

1)     G.Love & Special Sauce – Willow Tree (una balada “ponte de buenas”)
2)     Ben Harper & The Blind Boys of Alabama – Take My Hand (un rolón blusero)
3)     Xavier Rudd – Conceal Me (con dijeri doo)
4)     Jack Johnson, G. Love, Donavon Frankenreiter y Zach Gill – Gionrl I Wanna Lay You Down (en vivo, de lo mejor que hay)
5)     The September Sessions Band – What Would You Rather Do (instrumental relax)

 

 

“I’ve had my run 
Baby, I’m done 
I gotta go home 
Let me go home 
It'll all be all right 
I’ll be home tonight 
I’m coming back home”
<Michael Bublé> 

Monday,Jul 11 2005, 08:24:27 PMRodri Chronicles XXII

¡Bula Fiji!

 

 

Bueno después de una pequeña ausencia aquí estoy de vuelta, gracias por esperar pacientemente. No ha sido fácil ponerme al corriente con mis últimas crónicas, no por flojo sino por ocupado, pero aquí estamos. Ya son los últimos 3 capítulos mis queridos lectores y lectoras así que disfruten y relájense porque ahora si hay muchas cosas que contar y esta va pa largo, se los aseguro, pero vale la pena.

 

Martes 28 en la mañana. Me levanté temprano después de una muy buena desvelada y me puse a empacar, hacer un desayuno de campeones y una vez más dejar mi guarida por un poco más de una semana.

 

Otra vez el trayecto en el autobús 22, el Express a la estación del tren. Todo el tiempo iba como lo había planeado, sin retrasos, algo raro con el sistema de transporte. Después de casi dos horas de trayecto por fin llegué al aeropuerto internacional de Brisbane.

 

Ahora me tocó volar en Air Pacific, la aerolínea de Fiji. El staff muy amable, la comida super y la película de niños pero divertida. Se llamaba Racing Stripes y es estilo Babe pero con una zebra que corre en el derby de Kentucky.

 

Tres horas de vuelo más tarde y dos horas más de diferencia de horario llegué al aeropuerto de Nadi en la isla principal de Fiji, Vita Levu. Me recibieron con un collar de conchitas de plástico y la primer palabra que aprendí fue Bula qu quiere decir literalmente vida, se usa como hola, adiós, salúd, etc, etc. Una expresión muy fuerte para los fijianos.

 

Esperé a que llegara mi chofer para llevarme a mi hostal. Como era de noche no pude ver gran cosa en ese momento, pero de todas maneras mi primera impresión fue que se parecía mucho a los pueblos de las costas mexicanas. En menos de 10 minutos llegué a Nadi Bay Hostel. Se veía bastante bien el lugar, chiquito pero acogedor y con ese sabor costeño que da la gente local con una banda tocando covers de canciones famosas al muy estilo Reggae. Una señorita con afro perfecto me condujo a mi habitación. Había como 8 literas ya casi toda la gente estaba dormida. Dejé mis cosas y decidí salirme a explorar un poco. Nada muy interesante, muchos extraños en el bar y el restaurante. Me quedé un rato nada más y mejor decidí ir a reposar mis huesitos ya que estaba cansado de tanto viaje en diversos medios de transporte.

 

Temprano a la mañana siguiente apañé el baño y me di una rica ducha. Porque como dicen “la dicha es mucha en la ducha”. Agarré mis chivas y me fui a echar un rico desayuno. Yo muy despreocupado de la hora ni me enteré de que ya estaba el camión esperándome nada más a mi. Pero no importó porque ese fue mi primer contacto con el tan famoso Fiji Time. Muy parecido al Mexico Time donde la puntualidad no existe y todo se hace sin prisas ni preocupaciones.

 

Me trepé al casi totalmente lleno camión verde de Feejee Experience y una inglesa muy buena onda me dejó sentarme al lado de ella, su nombre era Jane. La primera parada fue en Nadi Town para hacer compras para el viaje que apenas comenzaba. El pueblo era muy parecido a los de México, con taxis y combis viejitas y locales morenitos. La única diferencia era que en lugar de mexicanos había hindúes y fijianos. El 49% de la población es hindú porque cuando eran colonia inglesa el imperio británico llevó hartos apus para trabajar en los campos de caña de azúcar. La población de las 250 islas que conforman la República de Fiji es algo así como 800 mil habitantes. A y no se si se diga “fijianos” pero bueno así los llamaré.

 

La guía, Salati, nos advirtió de los locales que te llevan a sus tiendas para venderte artesanías a precios para gringo. Dicho y hecho me tocó uno de ellos. Le seguí la corriente y me llevó a una tiendilla escondida. Tenían muchísimas cosas, pero antes de quererme estafar me hicieron mi ceremonia de bienvenida con la famosa Kava. La Kava es la bebida oficial de Fiji y la toman todo el santo día. La Kava se hace con una raíz que hacen polvo. En un tazón especial ponen agua y en una bolsa de tela echan el dichoso polvo. Remojan la bolsa y entonces el agua se torna turbia, podríamos que decir como agua de charco o lodosa, mmm que rico. Para tomar tienes que aplaudir una vez con las manos echas conchita (si aplaudes normal es un insulto, así que aguas!) y dices “Bula”. Tomas la concha de coco que utilizan como vaso y te fondeas el agua sucia. Se te duerme la lengua y esperas no morir a los 5 segundos siguientes. Ya que lograste tragarte las aguas negras aplaudes 3 veces seguidas y dices “vinaka”, o sea gracias. Dato cultural: Sengalalenga significa No Worries, así que yo voy a empezar a poner de moda el “No hay pex” en México.

 

Después de medio drogarnos con su bebida narcótica me mostraron la tienda. Los precios era un insulto, algo que podías comprar afuera por 5 Fiji dólares (un poco menos que un dólar australiano, o sea como 8 pesos mexicanos), te lo vendían a 30. Que fea manera de recibir al turista pero bueno salí ganando porque me regalaron un diente de tiburón y nada más di una cooperación para los niños de su aldea.

 

Me habían quitado casi todo mi tiempo para compras y tuve que ir corriendo a comprar la famosa y cara agua Fiji y uno que otro tentempié para el camino. Nos subimos de nuevo al camión y la siguiente parada fue Natidola Beach. Una playita prácticamente desierta con olas perfectas para hacer body board. Un buen rato de bronceado y relajamiento. El chofer y Salati habían preparado una deliciosa parrillada con salchichas, pescado, ensalada y fruta. Conocía a una austriaca que hablaba un poco de español  me invitó a sentarme con ella y sus amigas. Platicamos un rato de sus viajes por Latinoamérica y que tenía ganas de ir a México.

 

Después de comer recogimos todo y nos mostraron como ponernos el Sulu. Es un tipo de falda que todo el mundo usa, hasta los hombres. Es necesario para entrar a las aldeas porque sino estás faltando al respeto y con eso de que son caníbales te pueden comer aunque no tengas mucha carne. La verdad el famoso Sulu está muy cómodo, tendré que imponer la nueva moda en México ahora que regrese. Seguramente salgo así a la calle en el D.F. y me apedrean por joto, mejor me guardo mis deseos de innovar y ser original.
La siguiente parada fue la aldea de Malo Malo (No se que signifique Malo pero no es el miso significado que en español). Nos recibieron una bola de chamacos felices de ver más visitantes. Bajas del camión como si fueras una celebridad y alguno de los chavitos de escoge y se convierte en tu guía por su aldea. Mi amigo se llamaba Phillip y tenía 7 hermanos.

 

Primero entramos a un Bure que es como una choza enorme donde suelen reunirse los jefes del pueblo y algunas veces con los aldeanos también. Nuestra guía nos ilustró con un poco de cultura de Fiji y los niños cantaron todos juntos una canción. En la canción decían mucho la palabra burra que quiere decir bonito o bonita. Se imaginan ahora que vea una niña en la Ibero le voy a gritar “Burra!”. Seguro cae redondita gracias a mi gran conocimiento de la lengua fijiana.

 

Dimos una vuelta por la aldea y terminamos en la iglesia, muy modesta pero toda la gente del pueblo va todos los domingos. Salimos y nos despedimos de nuestros nuevos amigos. Ese primer encuentro con la cultura de Fiji y las sonrisas de los niños me recargaron de energía positiva.

 

Viajamos otro rato en el autobús verde viendo el paisaje rumbo al sur de la isla. Llegamos al parque nacional de Sigatoka y a las dunas. La primera impresión desde abajo era que estaba muy empinado. Lo que seguía era agarrar los body boards y aventarse de esa resbaladilla de arena. Obvio la primera en demostrar como se hacía fue Salati. Subió y se aventó a toda velocidad y lo espantoso que se veía cambió a algo divertido y emocionante. Iba a haber un premio al que llegara más lejos con el body board.

 

Algunas niñas perdieron el control y terminaron revolcándose en la arena y dándose un buen ranazo, lástima que no tengo una cámara de video para grabar las caídas. Yo me lancé y fui el segundo en llegar más lejos. Me ganó por nadita un chavo inglés de ascendencia hindú, su alías, SP (más bien eran sus iniciales, se llamaba Snatal Patel).

 

Me eché una vez más pero tuve un aterrizaje forzoso y no logré ganarle al buen SP. Su premio fue una dotación de productos Marinela y una avalancha Apache. No la verdad es que le tocaron, galletas y papitas para el camino que compartió con todos nosotros.

 

Otro rato más de camión y llegamos a nuestro primer hostal del viaje, el Crow’s Nest. SP, James (un gringo buena vibra) y yo fuimos puestos en el mismo cuarto justo arriba del bar. Dejamos las cosas y nos bajamos aprovechar un rato de la Happy Hour. Mucha más gente se nos unió, entre ellos un personaje nada común. Era un local de nombre Apolosi que estaba en el tour como para hacer una reseña o evaluación no sabía bien. Lo raro es que parecía toda una reina pero creo que no lo era, super floripondio y mariposón. También era super ruidoso y alocado, pero al fin y al cabo muy buena onda y alegre.

 

Después de conocer a más de mis compañeros de viaje y tomarnos algunas cuantas Fiji Bitter y Fiji Gold (las cervezas nacionales) y ver como Apolosi se hacía tonto a James dándole shots de vodka mientras que él solo tomaba agua, decidimos bajar a la playa a caminar. Solamente bajamos SP, una chava de Inglaterra (Catherine), Apolosi, James y yo. Llegando a la playa y entre la oscuridad de la noche perdimos a James y Apolosi. Contemplamos un rato las estrellas y pude ver una estrella fugaz, no muy fácil de ver en México, caminamos y platicamos de nuestros países y lo que hacíamos de nuestras vidas. Al rato regresamos al bar y nos encontramos con que James se había cortado la cara con una rama de un árbol que no vio, por que estaba de noche y porque estaba bien borracho, de milagro y no se llevó el ojo derecho. Nos reímos un rato de su borrachazo y a descansar, teníamos un día largo y pesado esperándonos al amanecer.

 

Bueno nos despertamos temprano y dejamos el hostal alrededor de las 8 de la mañana, algo que íbamos a estar haciendo todos los días que duraba el tour. Después de una rápida parada para comprar comida llegamos al pueblo de Navua con el río del mismo nombre dividiendo el pueblo en dos. Dejamos nuestro lujoso camión para subirnos a otro estilo guerrilla de Chiapas. Después de un corto viaje en el camión nos atascamos en el lodo camino a la selva. Intentamos empujarlo pero con tanto gordo y el lodo tan suelto jamás pudimos sacar el camión, tuvimos que empezar nuestra caminata algunos kilómetros antes de lo planeado.

 

Estuvo bueno el calentamiento y después de una media hora llegamos a lo que hubiera sido el principio de nuestro maratón. Ahora si entramos al camino privado para Feejee Experience, nadie más entra en ese sendero de vegetación y lodo resbaladizo. Esa sensación de contacto con la naturaleza siempre te hace sentir bien, después de años de vivir en la ciudad es algo se necesita sentir más seguido. Simplemente te sientes más ligero, más vivo, como diría Pako, mi maestro: “Muy libre y muy feliz.”

 

Después de subir y bajar por senderos lodosos, caídas de niñas con poco equilibrio y vegetación y más vegetación llegamos a un arroyo. Ahí se puso buena la cosa cuando tuvimos que meternos con el agua hasta las rodillas. Yo no tenía idea de eso y mis hermosos Converse All Star sufieron más de lo debido. Varios kilómetros y 3 horas después llegamos al río Navua una vez más, esta vez en medio de la selva rodeado de montañas cubiertas de maleza.

 

Los flojos que no quisieron caminar llegaron en lanchas al lugar y traían nuestro lunch. Después de unos bien merecidos alimentos nos tocaba relajarnos en las frescas aguas del río. Subimos nuestras cosas a las lanchas y nos echamos en unas donas de hule negro para flotar relajadamente en la corriente río abajo. El paisaje estaba increíble y después del maratón fue lo mejor. Pasamos un par de rápidos que fueron lo emocionante de nuestro corto viaje en el río. Llegamos a una cascada y no dudé en aventarme desde arriba, lástima que no traía mi cámara por razones acuáticas (no queremos que otra cámara se eche a perder).

 

Ahora venía la peor parte, subirnos a las lanchas empapados y sin toalla ni nada encima. Con el viento sentías que te congelabas vivo pero de todas maneras el paisaje valió la hipotermia. Después de 40 minutos y con color morado que combinaba con el color de las lanchas llegamos a Navua. Entramos a una casa de unos habitantes del pueblo buena onda que nos dejaron cambiarnos ahí.

 

Ya secos y calientitos nos despedimos de nuestros guías y nos subimos a nuestro hermoso camión verde. Después de un rato llegamos en la nochecita a Suva, la capital de Fiji. Nos llevaron a nuestro segundo hostal del viaje, The Turner House. Me gustó porque era un dormitorio enorme y no había nadie más que nosotros, además estaba super limpio y bien cuidado. Tomamos turnos para bañarnos, increíblemente en menos de 40 minutos todo el mundo estaba listo.

 

Nos fuimos a la ciudad a cenar a un restaurante de nombre Bad Dog. La comida estuvo bastante buena, lo malo fue que casi nadie la siguió al bar de al lado. Solamente éramos Brent (Gales), Jessica (Colombia residente de New York), SP, James, Sam (Inglaterra), Apolosi, Rachel (New Jersey), Beca (Inglaterra) y yo. Shots de tequila y unas Fiji Bitter (chela nacional) después las mujeres (y hasta nosotros los hombres) nos trepamos al tubo. No se que onda con el bar pero tenía como 8 tubos en las barras. Invitaban a los bailes prohibidos del “tubo, tubo, súbete a mi tubo, tubo”. Ya hacía mucho tiempo que no me divertía así. Yo se lo atribuyo a que estábamos en Fiji y no en Australia, me caen bien los aussies pero no echan relajo como en el trópico. Un taxi de cortesía nos regresó a Turner House y como ya todo el mundo estaba dormido nos acostamos sin hacer ruido.

 

La primera parada al otro día fue el pueblo de Koravo donde compramos algo para comer y útiles escolares para nuestra siguiente parada, la escuela de Wainibuka. Llegamos muy entusiasmados de interrumpir las clases con nuestros regalos pero nos encontramos con la sorpresa de que tenían un torneo de Rugby y habían terminado clases temprano. De todas maneras dimos un tour por la escuela. A pesar de ser una escuela pobre el paisaje y el ambiente para estudiar eran idóneos para mi. Localizada en lo alto de un monte con un paisaje increíble, ya quisiéramos en la ciudad de México.

 

La siguiente parada fue un pueblo donde nos esperaba el jefe de 5 aldeas juntas. Tuvimos que vestirnos con nuestro sulus una vez más y para entrar en el bure tuvimos que gritar: “Dua-ooh!”. Nos contestaban otra cosa desde adentro y ya podíamos entrar. El jefe dijo muchas cosas en fijiano y nuestro jefe (Brent) les dio de ofrenda Sevusevu (raíces para hacer Kava). Empezó la ceremonia y las rondas de Kava. Una vez más el rito de decir “Bula” y aplaudir. El “spokesman” era James y cada que quería otra ronda de Kava tenía que decir “Taki” y todos toman, jajaja.

 

Después de ingerir varios mililitros de agua puerca compramos algunas de las artesanías que las mujeres de la aldea hacen para ayudarse con los gastos. Llenamos un libro con nuestros datos para la oficina de turismo y nos despedimos de nuestros amigos.
Lo siguiente era ir a otro río de nombre Wainibuka a subirnos a unas balsas de bambú (Bilibili). Estuvo divertidísimo echar carreritas y luego tratar de voltear a las otras balsas para que se cayeran todos al agua y no quedara nadie seco. Un rato muy agradable en el río, recordando cuando te divertías como enano, alguno si lo hacían porque estaban bien chaparros.

 

Para pasar la noche tuvimos que llegar a un pequeño puerto llamado Raki Raki para tomar una lancha hasta la Isla de Nanau-I-Ra. Lo padre es que nos tocó ver el atardecer en el camino a la isla, ya verán las fotos. Llegamos y el viento estaba fuertísimo. Ahora nos tocó a SP, Brent y a mi estar en un cuarto. Después de bañarme con agua helada me fui al bar para convivir con los cuates del tour. Platiqué un buen rato con otra Jessica, de North Carolina, muy buena plática la verdad. Después de cenar y hasta bailar un rato para no entumirnos con el frío de la isla nos fuimos a dormir. No hubo mucha actividad esa noche.

 

Al otro día nada más desayunamos y nos despedimos de la isla con harto viendo y mal clima. Lo chusco fue que apenas nos subimos a la lancha salió el sol, ya saben ley de Murphy. Como la lancha estaba llenísima me tocó irme en el techo, muy buena opción para ver el paisaje y tomar algunas buenas fotos.

 

Después de un rato llegamos al pueblo hindú de Ba a comer en un restaurante riquísimo. De postre nos fuimos a una tienda de dulces hindúes y yo tuve que probar todos. Algunos parecidos a las cocadas mexicanas pero al fin y al cabo puedo decir que una vez más ganamos nosotros, arriba México ca… mpeones!

 

Ahora si nos tocó un ratote en el camión hasta llegar a Nadi otra vez. Pero antes de dejarnos hicimos una escala en las aguas termales de Sabeto. Primero nos tocó meternos a un estanque de agua lodosa, muy bueno para la piel pero malo para todos los orificios de tu cuerpo ya que el lodo se metía hasta lo más recóndito de tu ser. Para quitarse el frío y algo del lodo te metías a otro estanque con agua calientita, ni ganas de salir de ahí.

 

Fue algo triste tomarse la última foto del grupo pero todo tiene que llegar a su fin. Hicimos varias paradas para dejar a todos y cada uno en sus respectivos hostales. James y yo fuimos los últimos, nos tocó un hostal barato porque ya no había lugar en los otros. Después de bañarnos esperamos a SP en nuestro hostal. Ese noche jugaron los británicos contra los Kiwis (New Zealand) en el rugby y habíamos quedado de ir a Nadi Bay a verlo con los demás. Vimos el primer tiempo en nuestro hostal y luego tomamos un taxi para reunirnos con los demás en Nadi Bay y ver el segundo tiempo. La verdad no me importaba quien ganara pero tremenda paliza que les pusieron los All Blacks (NZ) a los Leones (UK).

 

Después de ver la humillación pedimos un pastel para celebrar el cumpleaños de nuestro nuevo amigo Brent. La banda le tocó el “Japi Berdei” al muy típico estilo Fiji y pidió su deseo (seguramente ser dueño de una isla en Fiji). Después de cantar las mañanitas nos fuimos en taxi a nuestro hostal a dormir.

 

Al otro día James se fue muy temprano a otro tour, SP se fue a Nueva Zelanda y yo me fui a Nadi Bay con los demás para ir a Beachcomber Island. Una vez más fuimos víctimas del Fiji Time pero después de una larga llegamos a Denaru Marina. Esperamos otro buen rato para abordar el barco que nos llevó hasta la isla. Hay tantas islas parecidas que cada 5 minutos ves una igualita a la que vas y no sabes ni en cual te bajas. Por fin llegamos y el lugar estaba increíble. Después de hacer el check in nos llevaron al dormitorio más grande que he visto. Era una cabaña enorme con chorros y chorros de literas, estaba increíble.

 

Nos apuramos para alcanzar a comer, por cierto la comida estaba deliciosa y había hartos de platillos y cosas que escoger. Para hacer una buena digestión, Rachel, Jane, Brent y yo nos fuimos a dar una vuelta por la isla para buscar un lugar donde echarnos al sol. Recorrimos la isla como 15 minutos y nos echamos a relajarnos y esperar el atardecer. Más en la noche nos fuimos a bañar para cenar y luego pasar un buen rato en el bar. Hasta hubo una carrera internacional de cangrejos ermitaños. Como 24 cangrejillos playeros compitieron, cada uno representaba un país y tenía un nombre ad hoc. Adivinen cuál era el de México… obviamente Tequila, como si supieran algo más de México. La gente apostaba a cada cangrejo y hubo algunos que llegaron hasta los cincuenta y tantos dólares, que manera de gastar el dinero. Después de una agradable noche en compañía de los cuates nos fuimos a dormir.

 

Al otro día nos levantamos temprano y tuvimos que hacer el check out antes de las 10. Jane y yo nos queríamos quedar otra noche más pero ya no había lugar, ni modo nos teníamos que despedir de la isla. Desayunamos y nos quedó de otra más que estar esperando en la playa el barquito para irnos del paraíso. Llegamos a Nadi al medio día. Yo no tenía hostal así que me fui con Jessica y Rachel a un hostal de nombre Sky Lodge, los demás se fueron a Nadi Bay. Llegamos y gracias a Dios si había camas. Toda la tarde echamos la flojera, ese hostal fue el mejor de todos los que había estado.

 

Después de una tarde relajante en la alberca me fui un rato a mi cuarto. Como a las 7 me despedí de Rachel que ya se iba de regreso a USA. En la noche Jessica y yo cenamos en el restaurante del hostal y como estábamos molidos de tanto tour nos acostamos temprano.

 

Al otro día la flojera estuvo rica, nada que hacer. Conocí a un chileno buena onda que se llamaba Daniel. Después me fui enterando que era todo un personaje, no tenía ni 4 meses de estar aprendiendo inglés y había estado viviendo en New Zealand, donde tienen el peor acento del mundo. Yo lo defino como todo un rifador. La persona más amigable que he conocido, hacia amigos como uno parpadea y ya tenía a Fiji en la palma de su mano. Hasta lo invitaban a comer los locales a sus casas y aunque no entendiera la mitad de lo que le decían siempre quedaba bien.

 

Jessica estaba de sangroncita y mejor a medio día me fui con Daniel y una pareja de Ingleses, Becky y Dan, y el chileno al pueblo de Nadi. Estuvimos ahí toda la tarde. Fuimos a comernos un rico coco y una piña al mercado y comprar souvenirs. Buscamos un lugar para cenar y terminamos regateando la comida y los restaurantes se peleaban por ganar clientes dándonos mejores “deals” cada vez. Terminamos con un deal de 10 dólares con bebidas y postre gratis en lugar de 15 dólares sin nada incluido, a eso llamo yo regatear.

 

Antes de cenar nos fuimos un rato al hostal y yo me despedí de Jessica que se fue a las 7 al aeropuerto para regresar a casa. Me presentaron a otra chava americana que también estaba en el hostal, se llamaba Anne, buena onda. Nos fuimos a cenar al restaurante del deal barato y la comida estuvo muy rica.

 

Nos regresamos a reposar nuestros huesitos un rato al hostal porque al rato salimos a un bar de locales, nada de turistas, algo hard core. El lugar se llamaba Afterdark, desde el nombre ya se oye tenebroso. Lo bueno resultó ser que estaba super barato. Además aprendí la forma de tomar en Fiji. Se compran unas 4 cervezas y nada más te dan un vaso un poco más grande que un caballito. Cada quien se va sirviendo vasitos y te los fondeas, en lo que menos cuenta te das ya se acabaron 4 chelas y hay que comprar más.

 

De repente en lo que estás tomando y bailando con tus amigos llegan las locales y te agarran de la mano y se ponen a bailar contigo. A mi me tocó una que hasta me quería llevar de recuerdo a su casa. Supero intenso, además para colmo era hindú, les digo que me tengo que volver pop star en India y me iría bien, na más hay que aprender el idioma.

 

Después de muchas chelas, mucho baile y mucho susto por fin a la una prendieron las luces y nos corrieron. Tomamos un taxi al hotel y yo me fui directo a dormir, estaba “aut”.

 

Al otro día nada que hacer pura aburrición. Daniel se había ido a la isla de Nanau-I-Ra y me quedé yo solo con Becky, Dan y Anne. El día estuvo horrible, yo quería asolearme por última vez pero el clima no nos dejó. Medio me las arreglé para entretenerme durante el día leyendo, escribiendo y platicando con mis nuevos cuates, muy buena onda por cierto, ya llevaban 7 meses viajando por el mundo, algún día haré algo así.

 

Habíamos quedado de ir a cenar a una pizzería y lo único que estábamos esperando es que diera la hora de cenar en el bar. Yo estaba apunto de pedir una chela cuando volteé y mis ojos no podían creer lo que veían. Era Yoyo, Eduardo Porta, del Sierra Nevada. Iván me había dicho que estaba en Nueva Zelanda pero jamás me hubiera esperado encontrármelo en Fiji y menos en mi hostal. Lo saludé y como que no agarraba la onda.

 

Platiqué un rato con él y le presenté a mis nuevos cuates. Al rato nos fuimos en busca de una rica y gigantesca pizza. Yoyo y yo nos llenamos y tuvimos que pedir otra pequeña para llenar ese hueco. Regresamos al hotel y todos se fueron a dormir. Yoyo y yo nos quedamos platicando de nuestro México, el ya regresaba en un par de días y después de 365 días de ausencia el shock que le esperaba iba a ser grande. Después de vivir un año aislado de la cultura mexicana tenía que regresar y readaptarse a todo. Yo que creía que le tenía pesada.
Al otro día me desperté muy temprano, alrededor de las 6 y media para salir al aeropuerto. No hubo broncas de tiempo ni demoras de aerolíneas esta vez gracias al Altísimo. Tomé mi última foto desde la sala de espera para abordar el avión, había sido todo para Fiji, pero el día todavía tenía mucho por seguir… continuará...

 

Bueno me atrasé pero aquí estoy desvelándome para ponerlos al corriente en mis últimos días por el hemisferio sur. Espero les haya gustado y hayan aprendido y conocido cosas nuevas de este Planeta Azul con tantas cosas buenas para los seres humanos. Ojalá y nos importara un poco más conservarlo como está o mejor. Bueno esperen la continuación muy pronto y el gran final en una semana. No dejen de checar las fotos para que no se tengan que imaginar todo lo que escribí esta vez, que bueno es tener una cámara.

 

Vivan la semana al máximo, les escribo pronto y que Dios los bendiga.

 

 

Los quiere,

 

 

Rod

 

 

 

P.D. Hay tanto que contar que ya me podrán preguntar cuando me reciban en el aeropuerto el próximo domingo, bye.

 

 

Rodri Music:

 

 

1)     Salserín – Bebé Salsero (Gracias al verdadero Bebé Salsero, Memo de Santiago, por la recomendación)
2)     Stereophonics – Something In The Way (cover de tributo a Nirvana)
3)     Bob Marley – Sun is Shinnning (Remix)
4)     Keller Williams – Spring Buds
5)     Josh Groban feat Deep Forest – Never Let Go

 

“This is over my head but underneath my feet 
'Cause by tomorrow morning I'll have this thing beat 
And everything will be back to the way that it was 
I wish that it was just that easy”
<Jason Wade>