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Tuesday,Jan 31 2006, 03:46:43 PMAventuras de un chilango en el chilango (ene 2005)
Camaradas,
Aunque nunca tuve inclinaciones metafísicas, religiosas supersticiosas, mágicas astrológicas o metereológicas últimamente empiezo a creer que, en determinadas circunstancias existen signos que nos permiten prever el infortunio. Ahora bien, una cosa es intuir la existencia de dichos signos y otra muy diferente poder descifrarlos en el momento justo y tomar desisiones en consecuencia. Cuando logro entenderlos es siempre a posteriori, es decir, con el agua hasta el cuello. Esta vez no fue la excepción. Iba subiendo la escalerilla del Boeing 727 de Lloyd Aéreo Boliviano que me llevaría a México cuando una voz aguardientosa retumbó en mi oído.
-¡Suéltelo mi “Capi” a ver si ahora sí!
Volteé a mi derecha para identificar de quien venía, era un mecánico de Lloyd que trepado en la turbina apretaba tornillitos con un desarmador. Su interlocutor era el Capitán Torrico, quien estaba a cargo de la nave. A la frase del mecánico continuó un ruido en la turbina parecido a un pedo, nomás que no sonoro, no potente, ni tan vital como los que produce un buen plato de frijoles charros. Nel, lo que se escuchó fue apenas un mini pedito; pup...pup...pup. Lo siguiente que escuché es de antología:
-¡Apáguelo mi “Capi”, ya sé qué es!
Lo que me sorprende de esta frase no es que inexorablemente quien la pronuncia lo hace con un tono de absoluta seguridad, aunque no sepa ni donde está parado, sino que normalmente quienes estamos a su alrededor le creemos. Es más, en virtud de nuestra esperanza y humana ingenuidad hasta nos ponemos felices; “Chido este guey ya le halló y ahorita salimos del pedo”. Según mis escrupulosas estadísticas esto último sucede únicamente en el 2% de las ocasiones en que la antológica frase es pronunciada. Pero amigos, en esta anécdota la situación tenía un tinte más dramático que el usual; quien pronunció la frase no era uno de nuestros cuates tratando de arreglar un vocho a las 2 am para que pudieramos seguir de reventón, la frase fue pronunciada como dije por un mecánico de Lloyd y referida a un artefacto que subiría 30,000 pies, durante 10,000 Kms., y para acabarla de chingar; con Rocio, Raquel y su servidor adentro. Esta frase, ahora lo sé, era un signo del infortunio que no descifré a tiempo. Por el contrario en un acto de absoluta inconsciencia, continué subiendo la escalerilla sin apenas inmutarme. Perdí mi penúltima oportunidad de quedarme en Bolivia disfrutando de un cálido verano. Obvia y afortunadamente el “apáguelo mi Capi ya sé que es” fue puro sueño boliviano. Nos bajaron del avión, vinieron otros técnicos y finalmente volamos a Santa Cruz donde alguna mente medianamente clara decidió que no era una buena idea intentar llevar el Boeing del “Capi Torrico” hasta México. Cambiamos a un avión nomás que más chico. Resultado: el “Capi Jordán” se desgañitaba desde la cabina; “¡¡Córranse paa traaasss, allá atrass hay lugar!!”. No exagero, Rocío y Raquel que sin duda son personas más honorables que yo pueden atestiguarlo. No cabía un alfiler. Inclusive ofrecieron 200 dlls. a los pasajeros que quisieran quedarse. Así es, me ofrecieron dinero para librarme del futuro aciago que me esperaba, pero como soy un gil no lo acepté. (Aclaro que hablo sólo por mí, porque Raquel y Rocío tuvieron una vacación de ensueño) En fin podría seguir hablando de los incidentes del vuelo pero quiero contarles varias anécdotas antes que me de hueva seguir escribiendo. Baste decir que por problemas técnicos tuvimos que parar en Cali y en Panamá antes de llegar al tan ansiado suelo de chilangotitlán.
-No mames guey, que tal si nos grabaron
-Nel no hay pedo, son videos actuados.
-Pero ahí dice “cámaras escondidas”
-Aunque diga, no hay pedo.
-Y si, si?
-De todas maneras no hay pedo
-Te cae?
-Tssss, no hay pedo.
-Nel yo ya me friquie
-Te digo que no hay pedo, nunca hay pedo.
-Mejor lo compramos y salimos de dudas
-Va guey, tampoco hay pedo
Después de este elevado diálogo de mi conciencia, compre el video y cuando pude verlo comprobé con satisfacción que yo no protagonizaba ninguno de los cortos que contenía. Al poco tiempo esta satisfacción se transmutó en cierta decepción y finalmente en firme encabronamiento: “Va pinches changos, seguiré siendo un talento a descubrir por la industria porno”. Pero antes de que los hubiera visto y llegado a tan profundas reflexiones, concluí la misión que mi Jefe me había encomendado, o casi, porque decidí catafixiar Debussy y el Trío Calavera, que eran sus peticiones (Así de ecléctico es mi jefe) por Molotov y Greatful Death. ¿Bueno, de que se trataba este viaje para el cual la música que fui a comprar era apenas un componente?.
Para explicar el propósito y condiciones del viaje tengo que darles el siguiente antecedente: Los Oviedo tenemos un gen que codifica, de manera clarísima, nuestro total y absoluto desprecio por el sentido común. Y si bien este gen se expresa en todos nosotros, se muestra con mayor regularidad en mi jefecito. Un día se despertó y se lo ocurrió que sería una buena idea hacer un “Magical Mistery Tour” a Chiapas para saludar al Sub. ¿El medio de transporte?. La combi 1975 que muchos de ustedes tuvieron el placer de conocer y/o viajar en ella. Pero... ¿Cómo la combi? Si después de que yo la usé para mi taller de barro “Alfaro Inc.” había quedado completamente destruida, el toldo caído, la carrocería oxidada, el tanque de gasolina picado, el motor hecho una piltrafa. Bueno había que reconstruirla. ¿Meterla a un taller para que mecánicos y hojalateros profesionales realizaran la ardua tarea de que volviera a rodar? Jamás. Como les he dicho cuando los Oviedo nos proponemos algo no reconocemos ni los límites del sentido común. La combi sería reconstruida en el garage familiar. Y la dirección de esta monumental tarea estaría a cargo de mi jefecito. Así fue. Cuando necesitó ayuda técnica especializada contó con la asesoría de Don Sebas, el dueño de la verdulería de la esquina que en sus años mozos trabajó en un taller mecánico, (en ese entonces todavía circulaban los Ford T y los carros a caballo aún no terminaban de desaparecer) Por lo demás se agenció a dos gandumbas del barrio para el trabajo pesado, lijar, bajar motor, cambiar lienzos. Y gracias al esfuerzo de ese equipo de profesionales la histórica combi quedó reconstruida. Mientras nosotros volábamos rumbo a México, mi Jefe, Don Sebas, Bartolo y “El esbirro”, festejaban con champagne el ajuste del último tornillo que permitiría a la combigotes volver a pisar el asfalto con un mínimo de dignidad, es decir, con la tracción de su propio motor. Debo decir en descargo de mi Jefe y de su “Dream team” que cuando la vi en el aeropuerto quedé impresionado. Estaba flamante, como cuando fuimos a sacarla de la agencia. (¿Te acuerdas Mateo?). Toda retapizada, toldo nuevo, molduras completas. Pero no solo eso caminaba usando como combustible únicamente gasolina. En ese momento pensé que mi Jefe no estaba tan deschavetado, que efectivamente, en ese vehículo podríamos llegar a Chiapas. Un segundo después cambié de opinión, vi de reojo la palanca del freno de mano que, como ustedes saben, en las combis es una palanca en forma de “T” ubicada en posición horizontal debajo del tablero y a la derecha del conductor. El extremo de un cable estaba enrollado en la palanca, el otro extremo descendía y se unía a un resorte que a su vez estaba amarrado a un pequeño cable que estaba sujeto a la parte delantera del pedal acelerador. Su objeto era claro, mantener el pedal en posición desacelerada. Todos los autos tienen un sistema para hacerlo, pero en ninguno se usa plastilina póxica ni cables de audífonos “panasonic” para hacerlo operar. Ni bien habia terminado de hacer mi peritaje visual cuando me sentí profundamente precupado, no tanto por los peligros que implicaba tal sistema de desaceleración, sino por la salud mental de mi jefecito. ¿Pensaba realmente ir en esa “unidad” a Chiapas? Si, y a pesar de varios concilios familiares nadie pudo hacerlo desistir de su propósito. Así, un jueves por la mañana mis jefecitos mis sobrinos (Bart y Lisa) Raquel, Rocío y su servidor emprendimos un viaje en sentido contrario al sentido común. Nuestro destino inicial; la ciudad de Veracruz. Debo reconocer que mis predicciones originales fueron desmentidas por la realidad, yo pensaba que la combi se desbielaría a la altura de la Terminal de San Lázaro y que ahí tendríamos que abordar un ADO para continuar. Lo cierto fue que a eso de las doce del día nos encontrábamos en Tinajas a pocos kilómetros de Veracruz. Pasando la última caseta me pareció que la combi se deslizaba muy lento sobre el asfalto, pero no, el velocímetro marcaba 140Km/hr. el motor hacía un ruido ensordecedor e inclusive me parecía que salía fuego por el escape. “Es la relatividad, -pensé con seriedad- todo indica que vamos a por lo menos 140 Km/hr., exceptuando mi percepción de la velocidad con que los objetos se desplazan en el exterior, pero mi percepción es enteramente subjetiva, estoy ansioso por llegar al mar y seguramente esta ansiedad me provoca una visión falseada del tiempo y el espacio; siento que todo pasa mas lento” Mis reflexiones científico-filosóficas se vieron interrumpidas por un hecho contundente: un viejito en bicicleta nos rebasó sin mayor esfuerzo por el acotamiento. Al pasarnos el muy cabroncito nos hizo una venia con el sombrero. Mi jefe se orilló a la orilla y fue a revisar el motor, me pidió sucesivamente que la apagara y la encendiera hasta que en un momento pronunció la frase que yo esperaba desde lo más profundo de mi ser:
-¡Apágala Arman, ya sé que es!-
Continué reflexionando sobre la belleza onírica de esta frase mientras un “Ángel Verde” nos remolcaba los últimos 40 Km que faltaban para llegar a Veracruz.
Hacía años que no visitaba Veracruz, esa ciudad tan desdeñada por el turismo playero nacional. Debo decirles que quedé sorprendido y encantado por ese puerto en el que se respira, a través de su historia, sus calles, sus personajes un hálito de la esencia de nosotros los mexicanos. Nos instalamos en un hotel frente a la Playa por el fraccionamiento Reforma. Al día siguiente temprano bajamos con Raquel y mis sobrinos a la playa. Una vez instalados ahí cumplí con el ritual de todo buen chilango al llegar al mar. Con las manos en la cintura me quedé algún tiempo viendo su inmensidad con una sonrisa estúpida, después me arremangué el pantalón y mojé mis pies hasta que vino una ola más grande de lo previsto y tuve que dar saltitos para atrás para que no me mojara. En ese momento decidí que había sido demasiado ejercicio y me fui a sentar en la silla que había alquilado por diez pesos. Desde ahí cuidaba a los niños y eventualmente participaba en la construcción de un castillo de arena. Pedí un plato de camarones en el que al poco tiempo aterrizó el balón de unos voleibolistas playeros, seguido inmediatamente del consabido:
-¡Bolita porfavorrrrr!
Cuando el sol comenzó a calentar llegaron mis papas y Rocío. Yo no quería enfrascarme en otra discusión sobre las posibilidades mecanicas de la combi con mi jefe, al que las adversidades, mas que ponerle los pies en la tierra lo hacían delirar a tal grado que planteaba con toda seriedad un viaje en la misma unidad a Machu Pichu para abril del 2005, por lo tanto, decidí que era un buen momento para nadar. Hacia unos quince minutos que observaba a un grupo de bípedos nadadores subiendo y bajando con el vaivén de las olas a unos treinta metros de la playa. Sin pensarlo dos veces entré al mar y nadé en dirección a ellos, hacían mucho escándalo y a mi siempre me ha gustado estar donde está el desmadre. Cuando estaba a la mitad del camino noté que me gritaban y hacían señas para que me acercara.
-Que buena onda - pensé- me ven nadando solo y quieren que me integre, que chidos somos los chilangos-
Nadé entonces con mas entusiasmo y en cinco minutos estaba frente a mi destino. Apenas saqué mi cabeza del agua, me encontré a tres metros de un rostro azulado que con mirada implorante me dijo entre gritos y gorgoteos de agua en su garganta:
-¡¡¡Nos estamos ahogando!!!!
Upppssss.
Volteé hacia la playa y comencé a hacerles señas a Rocío y mi jefe para que pidieran ayuda. En cuanto me vieron, con celeridad e inusitada eficiencia comenzaron a saludarme y mi jefecito hasta me tomó una foto, después continuaron con su interesante plática mientras le hincaban el diente al plato de camarones que tenían al lado. Ni modo, tendría que ir yo mismo a buscar ayuda. Comencé a nadar hacia a la playa, pero pasaba el tiempo y no podía llegar. Me había alejado de la fraternidad de preahogados pero lateralmente. Una sensacion de angustia me recorria, la corriente era fuerte, el cielo se nublaba y en general mi situación empezaba a tomar un cariz dramático. Decidí entonces intentar nadar a mayor profundidad. La idea dio resultado, sentí una corriente que me empujaba con violencia hacia la playa. De momento el mundo desapareció y todo fue espuma y arena. Mi cuerpo daba vueltas, y se contorsionaba entre las fuerzas de la arena que me retenía y el agua que me empujaba. Recibí un último empujón y caí de bruces sobre la arena de la playa. Volteé a mi izquierda y vi a lo lejos como mi fraternidad de ahogados descendía de la pequeña balsa en que los habían rescatado. Me erguí adolorido y comencé a caminar tambaleante hacia la Palapa donde estaba mi familia. Sentía las miradas y murmullos de los turistas invernales. En ese momento me di cuenta que en los últimos cinco minutos había perdido algo. ¿Mi oportunidad de ser un héroe anónimo? ¿La confianza en mis dotes de nadador? ¿Mi simpatía por los chilangos? ¿Mi aprecio al mar?. Puede que todo ello camaradas, pero la pérdida más relevante en lo inmediato fue sin duda el traje de baño que me arrancaron las olas en el último revolcón. Con lo aturdido, confuso y madreado que salí del mar no me había percatado de esa carencia, y si lo pude hacer no fue por la brisa marina que mecía mis pelotas con frescura, suavidad y un dejo de cachondez. Me di cuenta de mi absoluta desnudez cuando los pudorosos padres de familia tapaban los ojos a sus hijos y las mujeres volvían la vista atrás. (Salvo dos o tres que después me pidieron mi teléfono, claro está). No aceleré el paso, y no por ser cara dura o exhibicionista sino porque estaba tan cansado y madreado que me dio mucha hueva ser pudoroso. “Que chingue a su madre, Carreño, la liga de la decencia, Provida, Serrano Limón y para no dejar a nadie fuera, que chingue de una vez a su madre toda la humanidad” Embriagado por este sublime pensamiento, camine los últimos metros, pensando también, que debí haber aceptado los 200 dlls. que me ofrecieron para bajarme del Boeing del capitán Jordán.
Este mail se ha alargado mucho y me temo que la hueva que me da seguir escribiendo sea menor que la que les da a ustedes seguir leyendo. Por ello se las resumo: La combi, volvió a fallar saliendo para Coatzacoalcos. Un Ángel Verde nos llevó de regreso a Veracruz. En dicha ciudad se efectuó un concilio familiar, y el balance de fuerzas no fue favorable a mi jefecito; se decidió, pese a sus súplicas, rentar una minivan 2004 con cargo a su tarjeta y el viaje continuó hasta los municipios rebeldes Zapatistas y de ahí al chilango. La histórica combi continúa varada en Veracruz, donde el tiempo, la arena y la brisa del mar harán su trabajo: borrarla por siempre de la faz de la tierra, pero nunca del recuerdo de la familia Oviedo y anexas, a la que prestó treinta años de fiel y casi ininterrumpido servicio.
Saludos y abrazos.
Armando.
Tuesday,Jan 31 2006, 01:26:05 PMSarajevo en Cochabamba (Feb 2004)
Camaradas:
Se que prometí hace tiempo enviar la secuela de “Aventuras de un chilango en loa Andes” que se intitularía “Aventuras de un chilango en el Amazonas”, sin embargo, es una historia casi tan larga como el silencio de algunos de ustedes y aun no he tenido la determinación para concluirla. Por ello les envío esta otra que es breve y hecha al vapor. Narra los últimos acontecimientos en los que este, su charro negro, ha tenido una valerosa pero infortunada participación. (Queridos Tronx y Valente, esta pato historia va con dedicatoria especial para Uds.)
Como es sabido, en varios lugares del mundo se están festejando ”carnavales”. Aquí en Cochabamba, además del clásico desfile, tiene lugar una guerra civil con globos de agua. Suena inofensivo, ¿no?. Lo seria, siempre y cuando fuera una guerra caballeresca y de baja intensidad, pero absolutamente todos los Cochabambinos que están, mas o menos entre los 14 y los 25 años, participan encarnizadamente en los combates y dan rienda suelta a sus mas primitivos instintos. Ello produce refriegas de alta intensidad y la neta es que un globazo bien acomodado en las pelotas puede dejar estéril hasta a Sergio Andrade. Yo comencé a vivir la excitación de esta guerra hace una semana, eran las primeras escaramuzas, veías globos volar desde y hacia camionetas en movimiento atestadas de adolescentes desmadrosos que no pudieron esperar hasta el sábado 20 que es cuando oficialmente comenzaron las acciones. Pero en esos días simplemente los observaba con curiosidad ¿Por qué decidí después participar en una guerra que ni era mía, ni me correspondía generacionalmente y que ni siquiera estaba en condiciones físicas para afrontar? Aun me lo pregunto. Paso a relatar los hechos:
Sábado 20.
10 a.m. Salgo a hacer un reconocimiento del terreno, subo hacia la avenida América, doblo a la derecha y me encuentro con las primeras acciones, proyectiles volando esporádicamente, por aquí y por allá. Desde algunos edificios francotiradores mantienen a raya a los peatones. Logro cruzar indemne tres zonas de peligro, recibiendo apenas algunas esquirlas de agua. Continúo cinco cuadras mas hacia la avenida Pando donde, según los informes de inteligencia que he logrado obtener, se están desarrollando los combates mas intensos.
10:30. Después de sortear varias escaramuzas callejeras llego a la esquina de Pando y América, doblo otra vez a la derecha e inmediatamente me tengo que parapetar tras de una camioneta: Está teniendo lugar una batalla de alta intensidad. En el lado de la acera en que me encuentro hay al menos 50 combatientes, divididos en pelotones de unos 6 elementos en promedio. El enemigo esta en la otra acera, atrincherado en los pocos automóviles que hay estacionados. Aunque no los puedo contar, por el numero de proyectiles que se estrellan a mi alrededor, y en los cuerpos de los soldados de esta trinchera, me imagino que son mas numerosos. Decido continuar bajando sobre la calle Pando para tener una idea mas precisa de la batalla.
11:00 Logro llegar a la “Recoleta”, una glorieta normalmente transitada por la fresez Cochabambina, sin embargo, en estos momentos es tierra de nadie. Mientras descendía hasta este punto he recibido algunos impactos en las piernas, pero nada que lamentar. En mi recorrido descubri el mecanismo por medio del cual los combatientes se aprovisionan de munición: Hay unas “Doñas” (Cholitas con sombrero y pollera) ubicadas en puntos estratégicos, su equipo consta de barriles con agua y globos en suficiente cantidad para abastecer a los soldados durante todo el día. Ellas se dedican a llenar los globos y sus hijos las ayudan vendiéndolos. Ninguno de ellos es considerado parte beligerante, ese es quizá el único acuerdo común entre los combatientes. Cada proyectil cuesta aproximadamente 20 ctvs mexicanos. Hay tres clases: Peras, manzanitas y huevitos. Como les será fácil deducir inteligentes y perspicaces amigos, estos nombres se relacionan con la forma y tamaño de cada globo. Sin embargo quiero destacar las cualidades de cada uno:
Peras: Son los más grandes, al explotar cubren un área mayor que los dos otros tipos de proyectiles; mojan mas que cualquier otro. Tienen varias desventajas: no son fáciles de asir, son de corto alcance, pueden explotar en la mano por exceso de carga, y sobre todo son indoloros. (lo cual es una ventaja si es uno quien los recibe)
Manzanitas: Son más pequeños, de mayor alcance, son muy cómodos para lanzarse y ciertamente son dolorosos. Su única desventaja es la posibilidad de que el enemigo los cache en el aire y puedan ser revertidos contra el lanzador original. (si se es masoquista esto podria ser una ventaja, “pago para que me peguen”. Ora si que cada quien, no crean que me inmiscuyo en sus intimas perversiones)
Huevitos: Como su nombre lo deja ver, me da hueva describirlos, y además les basta con saber que son mas chiquitos y duelen un chingo.
Bueno, descrito el arsenal principal (existen otras armas pero no son relevantes para nuestra historia), continúo con los acontecimientos.
11:30 Logro rodear parte de la “Recoleta” y me parapeto atrás de una trinchera ligeramente elevada y protegida por tres contenedores plásticos rectangulares de basura. Esta trinchera tiene varias ventajas además de su elevación: Esta cerca del centro de los combates, los contenedores tienen ruedas y se pueden reacomodar en caso de recibir algún ataque inesperado por un flanco descubierto. Hay una doña vendiendo globos a unos veinte metros. Desde esta posición se puede globear a varios grupos que están en la acera de enfrente y se cuenta con la alianza táctica de una serie de trincheras que están en el flanco izquierdo. Cuando llego ahí la trinchera está ocupada por siete mozalbetes de entre 14 y 16 años.
¿Que onda chavos, como va la guerra?- Varias caras sorprendidas se voltean a verme, y hay un silencio breve pero incomodo, que se rompe con un globazo en la jeta de su servidor.
-Agáchese- “Don”- me dicen entre risas mientras me reacomodo mis retorcidos lentes. Y claro, me agacho, pero antes alcanzo a ver en la acera de enfrente a un pelirrojito hijo de puta sonriendo y decido inexorablemente que ese engendro fue quien me propinó el globazo.
-Acaso- va a guerrear “Don”?- me pregunta el mas vivaracho.
-Claro, a ver ¿cómo andan de globos?- Ni pedo, me quedaba claro que para jugar con ellos tendría que financiar municiones. Los ojos de mis futuros compañeros de armas se iluminaron
-Pues nos quedan pocos- me contesto otro de ellos mientras señalaba una bolsa con unos veinte. Le di un billete de 20 Bs y en cuestion de minutos regresó con más de doscientos globos que inmediatamente repartí entre mi tropa.
12:00 Combato con arrojo, aviento globos a diestra y siniestra, pero mi blanco especifico es el “Zanahoria”; logro propinarle un “manzanazo” en la espalda y a pesar de que le calculo unos trece años, veo con placer como se retuerce. ¿Quien dijo que la guerra fuera humanitaria? Explotan varias “peras” en nuestra trinchera y aunque no me pegan directamente estoy completamente empapado.
12:30 Empiezo a comandar las acciones, pido fuego de “divertimento” para reaprovisionarnos de munición, he recibido varios manzanos pero ninguno tan doloroso como el primero. Para este momento ya me se los apodos y/o apelativos de mi pelotón: Lucho, Sebas, Chango, Tuti, “El verde” Coco, y “Negro”. Y bueno camaradas, no puedo tener secretos para con ustedes. Me hubiera gustado ser el “Comandante cero”, o el “subcomandante” o de perdis algo medianamente digno como el “Comanche”. Sin embargo, a causa de la maldita penetracion cultural, del “Canal de las estrellas” mi irrespetuosa tropa tuvo a bien apodarme: “Don Chabelo”. Chale. Ese ignominioso apodo era un mal presagio pero me estaba divirtiendo como enano y pasé por alto las implicaciones del mismo; estas se revelarían con dolorosa claridad el día siguiente. Mientras tanto, seguía eufórico guerreando, y aplicando los conocimientos que había adquirido al leer a Clausewitz. Mis órdenes eran acatadas con precisión, nomás que mi tropa en lugar de contestar respetuosamente “¡Señor, si señor!” me contestaban con voz chillona “¡órale mi cuate!”, .
14:00 Después de dos horas de combate estoy exhausto, mis fieles soldados han combatido desde las diez y están también agotados. Ordeno abandonar la posición, no sin antes agotar todos los pertrechos en un bombardeo intenso a la trinchera del “Zanahoria”
14:30. Mi fiel pelotón me escolta hasta mi cuartel donde rindo un informe detallado de las acciones al alto mando. Después de recibir mi “Rancho”, me retiro a buscar al manual de Clausewitz, con el objeto de afinar las estrategias a adoptar al día siguiente. He quedado de encontrarme con mi pelotón el domingo a las 10a.m. en nuestra misma trinchera.
Domingo 21
10:00 Con puntualidad marcial llego a media calle de nuestra trinchera, pero esta está ocupada por el enemigo. En la acera de enfrente diviso a mi pelotón. Después de dar un rodeo llego hasta la nueva posición y me rinden el informe: Tres de ellos llegaron temprano y se instalaron en nuestra antigua trinchera, pero fueron desalojados por una fuerza mayor. Nuestro objetivo es claro: recuperar la posición del día anterior. Ahora estamos enfrente cubiertos sólo por dos automóviles mal estacionados. Apertrecho al pelotón y ordeno fuego continuo hacia nuestra antigua trinchera. Para provocar confusión y lograr un mayor desgaste de nuestro enemigo, además de otras razones estratégicas que no les voy a explicar (Lean a Clausewitz huevones) divido a mi tropa en tres comandos y les ordeno disparar a la trinchera desde varios ángulos con fuego continuo. Descubro entonces con estupefacción que el “Zanahoria” está entre los nuevos ocupantes de nuestra entrañable trinchera. Esto es ya un agravio personal. Siento que me hierve la sangre, y comienzo a lanzar “peras”, “manzanitas” y “huevos” con precisión matemática.
11:00 Hemos intentado infructuosamente reocupar nuestra posición pero sólo hemos logrado avanzar cinco metros. Debo confesar que este exiguo avance no fue conseguido por nuestro valor, arrojo y eficacia en el ataque, tampoco fue resultado de mis sesudas estrategias. Nel, logramos avanzar, gracias a un vocho que se estaciono mas adelante. Any way, nuestro poder de fuego se hace más efectivo, pero el enemigo no baja la guardia y nos mantiene a raya.
11:30. Reúno a mi pelotón y posesionado del papel del sargento Barnes, los increpo duramente:
-¡Bastardos!, llegó el momento de la verdad. ¿Quien esta conmigo?-
Al unísono me contestan “¡Yo, mi cuate!”.
Les explico mi plan, esperaré a que un auto cruce por la avenida, me parapetaré atrás de él y llegaré hasta la trinchera provocando un combate cuerpo a cuerpo (globazos a quemarropa), ellos me seguirán por los flancos y con un movimiento envolvente recuperaremos nuestra trinchera. Los “huevitos” deben utilizarse preferentemente para abatir al “Zanahoria”. Todos están de acuerdo con mi plan.
11:40 La hora decisiva, un “Trufi” (pesero) avanza lentamente por la avenida, salgo de mi trinchera y avanzo unos diez metros, protegiéndome tras de el y agradeciendo por primera vez en mi vida la existencia de “Peseros”. Sin embargo la cobertura es momentánea, el “Trufi” continua avanzando y me encuentro entonces descubierto enmedio del territorio de nadie. Inicio mi carrera contra la trinchera del enemigo. En ese momento sublime me siento acompañado por los héroes de mi panteón particular y sus acciones. Me explico: mientras corro hacia la trinchera del enemigo, esquivando ráfagas de globazos, siento que a mi lado esta Hidalgo, con su estandarte guadalupano tomando Guanajuato, mas allá veo a Morelos, ocupando Valladolid (hoy Morelia), mas cerca esta Zapata tomando Cuautla y por supuesto Pancho Villa aventando sus ferrocarriles a Zacatecas, el Che ocupando Santa Clara, hombre, hasta el comandante Cero está a mi lado tomando el palacio legislativo en Managua. En mis oídos resuena insistentemente aquella frase de “la internacional” “Vamos juntos proletarios, al combate final”, las lágrimas comienzan a escurrir por mis mejillas. He logrado esquivar todos los globos, llego hasta la trinchera, doy una patada a los contenedores que no se mueven un ápice pero no importa, veo el blanco de los ojos de mis enemigos y arrojo mis únicos dos proyectiles. Fallo en ambos tiros. Volteo a izquierda y derecha y descubro desolado y con horror que mi pelotón no se ha sumado a mi valeroso ataque. Ni bien he caído en cuenta de mi precaria situación cuando andanadas de proyectiles se estrellan en toda mi humanidad, doy media vuelta y emprendo la carrera de regreso pensando en el consejo de guerra que voy a instruir. Pero apenas voy a media calle cuando desde mi trinchera me llueven ráfagas de globos que yo mismo he comprado. Amigos, nunca subestimen el poder de la traición. Detengo mi carrera, pero estoy siendo acribillado también por la espalda. Alcanzo a imaginar gozoso al infecto “Zanahoria”, Oh fuck! He llamado la atención en toda la línea de combate. En efecto; de todas las trinchera aledañas comienzan a lloverme globazos. Alcanzo a escuchar un ignominioso grito de mis ex compañeros “¡Duro con Don Chabelo!” Después de haberme sentido como el Che, ahora me siento como Salinas después de su debacle; atacado por todos los flancos. Nomás que yo no estoy en Dublín disfrutando de mis millones, sino empapado y sufriendo una tupida madriza a media calle en una ciudad que nunca he sentido tan ajena. Soy, más precisamente un patito de feria que sirve de blanco a unos 50 cabrones adolescentes. Corro calle abajo y mi carrera causa furor en toda la línea. Puta madre. ¿Cómo puede ser tan vil el ser humano?. Soy cruelmente acribillado durante dos cuadras. Por fin logro refugiarme exhausto atrás de una anciana cascarrabias que iba cruzando la avenida. La tomo fuertemente por los hombros usándola como escudo para librar los últimos globazos. Cuando logra propinarme un bastonazo ya estamos cerca de la esquina. Ello me permite escapar de la zona de combate.
12:00 Recorro el camino vuelta a casa, mi antiguo cuartel es solo un recuerdo. Estoy lleno de moretones pero no se si me duelen mas que mi atormentado espíritu. Me siento....”¡Humillado y Ofendido!” dirán ustedes, pero yo no cito a Dostoievsky tan a lo pendejo. Simplemente me siento del nabo.
12:20 Apenas he introducido media llave en la cerradura, cuando el agua de un balde remoja una vez mas mi humanidad. Levanto mi vista y desde el balcón esta Raquelita sonriente haciéndome bizcos.
- Pinche humanidad. Estamos condenados- Para confirmar mi aseveración, le propino sendas patas al “Tobi” (el perrito de la casa) que se marcha aullando. Subo la escalera, tomo un baño calientito, y después de comer me aplasto en un sillón para leer al mejor estilo de Don Quijote novelas caballerescas, aunque también retomo el tratado de Clausewitz. Quien sabe, quizás el devenir me depare una nueva oportunidad para aplicar mis cualidades de estratega.
Tuesday,Jan 31 2006, 01:21:39 PMAventuras de un chilango en los Andes (Ago 2003)
Camaradas:
Como el tiempo lo ha demostrado, es imposible sostener una correspondencia continua con todos ustedes. La razón de esta imposibilidad radica, según mi manera de ver, en dos circunstancias. La primera es que ustedes son una bola de hojaldras que nunca contestan o lo hacen tres meses después, la segunda razón es que a mi también me da hueva escribir tanto mail. Por ello, he tomado la sabia decisión de mandar mails colectivos para contarles que transa por acá en vez de escribirles de one by one.
Aclarado el punto, paso a relatarles la primera pato aventura de un chilango en los Andes.
Todo empezó un sábado a las 4:00 a.m. El plan había sido convenido con una semana de anticipación; Greby junto con otros dos amigos pasaría por mi a esa hora para ir a pescar truchas en un río que serpentea a través de los Andes. Subiríamos por tanto, la cordillera del "Tunari" y descenderíamos a un "cañadón" donde se encuentra el río y según esto un titipuchal de truchas. Cuando lo veo en retrospectiva el problema comenzó cuando Greby, habiendo quedado de pasar por mi a las 4:00 a.m., paso efectivamente a las 4:00 a.m. Tanta puntualidad debió haberme hecho sospechar algo. En nuestros países esa exactitud no puede ser mas que un signo de mal augurio. Pero eso lo descubrí mas adelante. Optimistamente salí disfrazado para la ocasión: chaleco de pesca, botas, pasamontañas, pantalones caqui. Mi atuendo hubiera sido perfecto si tuv iera un sombrero de pescador, pero desafortunadamente sólo encontré uno tipo "Cantinflas" y bueno, no combinaba con lo demás pero hacia juego con mi nacionalidad y nomás por no ser malinchista decidí usarlo.
Como ustedes saben, soy una persona que vive sanamente; en mi vida he procurado estar siempre lejos de todo exceso, y especialmente me molesta el consumo de drogas por parte de la juventud sin valores. Por ello me saco de onda que al subir al jeep el personal estuviera mascando coca. Sin embargo una voz que estaba reprimida dentro de mi, emergió apenas puse un pie adentro: "presten pa la orquesta" y ni modo me puse a mascar a manera de solidaridad con las mas antiguas tradiciones quechuas. Después me entere que había que ponerle un poco de bicarbonato a la coca para que soltara mas chido el alcaloide. Y bueno, ya estando en esas ¿Que podía hacer? ¿Bajarme del jeep? ¿Buscar el consejo de Carlos Cuauhtémoc Sánchez?, no camaradas, no podía hacer otra cosa más que seguir mascando, ahora con la ayuda d el bicarbonato. A la par que yo mascaba el jeep se adentraba por senderos misteriosos cubiertos de neblina. Ya estaba apunto de mascarme las orejas cuando Greby dijo "aquí". Yo voltee a mi alrededor y pense "no mames güey, aquí no hay nada". Y en efecto no había mas que obscuridad neblina y el frío mas perrón que jamás haya sentido. "Ah, ya se, estos cabrones quieren hacerle la broma al mexicanito" . Pense que me harían caminar tantito y regresaríamos al jeep hasta que saliera el sol y se pudiera ver algo. Ni madres: el pedo iba en serio. Empezamos a subir y subir y continuamos subiendo. Ya eran las seis, pero como acá es invierno el sol aun no salía y estos güeyes caminaban como enajenados. No creo que sea necesario decirles que yo iba como huevo de perro; hasta atrás en todo sentido, pero no podía aminorar el paso porque los dejaba de ver y me daba miedo perderme y acabar en la guarida de un puma. Por fin llegamos a la cumbre, la niebla se despejo y vi un espectáculo que casi hizo que valiera la pena el viaje: El sol comenzó a salir en el horizonte, frente a mi había una cumbre nevada, abajo un cañadón (con río incluido) y volando sobre nosotros estaba una madresota que responde al nombre de "cóndor". Mis cuates no pelaron mucho pero yo me quede pasmado "ni pedo, soy una rata urbana" pense con desconsuelo. "Apurá hermanito" me grito Greby. Ellos ya estaban bajando y como yo estaba inspirado por la coca y la naturaleza, ahora si los seguí sin mayor esfuerzo (bueno la neta es que también era de bajada). El río que corría por el cañadón era cristalino pero mas frío que un mitin de Madrazo. En ese punto comenzó mi debacle. Greby comenzó a darme instrucciones "Hermanito, tenemos que cruzar el río, no saltes de piedra en piedra es mejor que te mojes los pies porque si saltas te puedes resbalar, bla, bla, bla,." El iba por delante saltando alegremente y yo pensaba "¿Este hijo de puta que cree? ¿No sabe que para transbordar en el metro Balderas se necesitan mas huevos que pa’ cruzar este río de mierda? Ademaáas.....................Splash." El mundo se desvaneció y mi realidad se limito a sentir mil agujas que se me clavaban por todas partes. No sean mal pensados, mis camaradas de viaje no se estaban echando un "sombrerazo popular" a mis costillas; me había caído a una "poza" del río y la corriente me arrastraba mientras yo me golpeaba con las piedras. Por fin alguien me jalo de un brazo y emergí temblando como me imagino que debió t emblar el world Trade center después de que Said Amin aterrizara en el su B 747.. "¡Porque no avisan que esta resbaloso putoooos!". Como la dignidad está ante todo, esta negación era inevitable.
Te avisamos- dijo Greby
Me avisaron, madres! - contestó su servidor y héroe de esta pato aventura.
Bueno, desnúdate -dijo Greby
What????, ¿Quería que me desnudara?. Pues si, no había de otra. Me desnude completito titiritando de frío.
Si no quieres que te de hipotermia tirate sobre esa roca de la orilla y esperá a que el sol llegue hasta ahí- dijo Greby extendiéndome además su anforita de pisco.
Y eso hice, exprimí mi ropa la tendí sobre la roca y me puse a chupar y mascar coca, pero como estabamos en el fondo de la cañada el maldito sol no llegaba. Mientras yo estaba desnudo y abrazado a la gran piedra alcancé casi el nirvana repitiendo mentalmente "no mames que pinche frío, no mames que pinche frío, no mames que pinche frío, no mames.....ad infinitum". Mis solidarios compañeros se pusieron a pescar río arriba. Empecé a examinar mi cuerpo para ver mis heridas. Entonces vi algo escalofriante: mi venerable pene estaba chiquitito, chiquitito y mis pelotas habían desaparecido. Neto compañeros, debo decirles que siempre me he considerado huevón, pero mis testos habían desaparecido. Después de una minuciosa búsqueda los encontré más arriba de donde debieran estar. Eso me tranquilizó, pero el frío seguía. Por fin el sol llego a la roca y después de unos cuarenta minutos el colorcito azul panista que había agarrado desapareció y todo lo demás volvió a su lugar y forma acostumbrada. Mi ropa tardó en secar me la puse medio húmeda tres horas después, cuando esos cabrones ya llevaban varias truchas y yo solo había logrado una incipiente peda gracias al pisco y a pesar de la coca. Entonces envalentonado grite "Quierooo pescaarr". Me pasaron una caña me dieron las instrucciones básicas, y ni pedo, tenia que mojar mis patas otra vez en el río. En esas estabamos cuando el "Basura Iturralde" (otra de las finísmas personas que además de Greby, "El wari" y su servidor, componían la expedición) gritó: "¡Un jukumari!". "¿un que?" dije yo. "un jucu, cojudo". El famoso jucu era un plantigradus andino, es decir un puto OSO. Así con mayúsculas. ¿Que hago? Pregunte angustiado, "El wari" me volteo a ver extrañado "pus lo que quieras cojudo, ¿que quieres hacer?" Chale! Me sentí humillado, no había ningún pedo con el oso. Después de vernos a unos 50 mts. Se dio la media vuelta y se fue. Empecé a notar en mis compañeros ciertas risitas socarronas por mi ineptitud en la montaña. "Ríanse cabrones, -pensé en silencio- algún día tendré oportunidad de llevarlos de expedición a Tepito y a ver si se siguen riendo cuando en vez de un oso se les aparezca Satanás encarnado en un judicial de la extinta DIPD". Mientras eso sucedía había que encarar la situación con racionalidad. Me puse a analizarla: estaba mojado, el frío había cedido pero no se me quitaba por completo, corría el riesgo de haber quedado estéril, llevaba un buen rato pescando y no había pescado nada, mi orgullo de boy scout estaba por los suelos, y para colmo empezaba a sentirme crudo. Después de esta evaluación llegué a una sesuda conclusión: "Estoy jodido". Pero al mal tiempo buena cara, decidí dejar de pescar, no estaba en condiciones de seguir metido en el río además como estaba empezando las temporada de desove las truchas estaban más preocupadas en coger que en comer. Era ya medio día cuando le dije a Greby, "Hermanito voy a dejar de "pescar" y caminaré hacia abajo a ver que veo" "Ya, listo -me contestó Greby- nomás no te alejes mucho porque a las cuatro nos vamos" "No hay pedo carnal, - le dije- no me tardo" Y camine río abajo. Después de andar unos veinte minutos el cañadón se abría y daba paso a un mini valle. Estaba poca madre, todo cubierto de una hierba que parecía pasto, en el centro había una roca que parecía puesta por la mano de Dios para darle un elemento decorativo. Caminé hacia ella y decidí que ese era no sola mente un lugar esplendoroso para estar, sino también para echar una meada. Y como soy hombre de acción más me tardé en pensarlo que en desenfundar y contribuir a la humedad de los Andes con una copiosa...voluntad. En esas estaba cuando desvié mi vista hacia la izquierda y note que clavada en la tierra, a un lado de la roca había una pequeña bandera: era un palo de aprox. 50 cm, con una tela autóctona amarrada en su parte superior. Me preguntaba que coños hacia eso ahí cuando a mi espalda oí: "yewa lapinqui kjoroto", voltee sorprendido y encontre a dos indígenas quechuas que pa acabarla de cagar eran monolingües. Uno de ellos comenzó a vociferar: "hakuna matata chogüi ", mientras me señalaba enérgicamente la roca.
"o.k. ok. Perdón" alcancé a balbucear e intente caminar para alejarme de ellos, pero rápidamente uno me cerró el camino:
"sala kadula salchi comula bibidi babidi bu" me dijo en tono grave.
"O.k. o.k. acepto, la cagué, perdón I´m mexican, mexicanou" le dije en tono implorante
Entonces comenzaron a hablar entre ellos, volteaban a verme y seguían hablando. Yo ya estaba resignado a vivir lo que el compañero de Burt Reynolds sufrió en "Amarga pesadilla", es decir, que me agarraran de puerquito o en su defecto, a experimentar un final de mi existencia al mejor estilo de "Canoa". Intente alejarme otra vez . Pero esta vez el que no me había dirigido la palabra me tomo fuertemente del brazo y me llevo al otro lado de la roca. Sorpresa! Había un altar con cruces, más banderitas, imágenes de vírgenes y santos. Coño, me di cuenta de la gravedad de mi falta y recordé aquellos heroicos compatriotas que durante el mundial de Francia decidieron apagar la llama perpetua en la tumba del soldado desconocido, con sendas y espumosas meadas. Quedé estupefacto. Chava Flores me cantaba suavemente al oído "¿quien iba a pensar?, ¿quien iba a pensar? Que por una meada lo iban a matar". Valientemente y con gran dignidad apelé por mi libertad: "por favor jefecitos déjenme ir mi hijita me espera, apiádense de mi ayyyyy" pero ellos seguían increpándome y apenas caminaba me cortaban el camino. Me quede parado y ellos volvieron a hablar entre si entonces dije "ahora o nunca" y después de hacer un dribling al mejor estilo de Romario puse pies en polvorosa. Al llegar al río volví la vista atrás y ya no estaban "yuju, ya me los chingué" pense triunfalmente. Pero cuando volví la vista estaban frente a mi; habían cortado el camino por arriba los muy cabrones. Bueno en ese punto intervino el buen Jesús; llego un tercer hombre, más maduro y con cara de buena gente. Conferenció con ellos y después de que me insultaron a coro me señalaron río arriba y entendí entonces que me podía largar. Me fui del lugar a paso veloz. Cuando llegue a donde estaban Greby y compañía omití contarles lo sucedido. Ya era bastante con el chapuzón, la caída, el oso del oso y mi ineptitud para pescar, como para sumarle que por no saber donde mear me iban a linchar.
De regreso, en la ciudad de Cochabamba pasé al super compré unas truchas (había prometido llevarle tres a Raquel) y por supuesto he declinado inexorablemente las subsiguientes invitaciones a pescar. Por lo menos en lo que me repongo del susto. Ahora estoy yendo a la selva para navegar el Mamoré (un tributario del amazonas). Ya les contaré.....
Saludos a todos
Armando.

